En el marco de Octubre Rosa, el mes de concientización sobre el cáncer de mama, el mastólogo Luciano Mignini, del Instituto ELAS e integrante de la Unidad de Mastología de Grupo Oroño, pasó por Escenario Mercenario. El objetivo de la charla fue desarmar mitos y miedos sobre una enfermedad que afecta a una de cada ocho mujeres.
“Este mes tenemos que concientizar, y eso tiene que ver con sacar muchos mitos o miedos que hay hacia la enfermedad. Primero, desmitificar el tema de hacerse la mamografía: el diagnóstico precoz salva vidas y hace que podamos curar esta enfermedad. Pero también hay muchos mitos o mala información sobre el tratamiento”, planteó.
Para empezar, explicó qué hace un especialista en su área. “El mastólogo es un médico que atiende fundamentalmente a mujeres, pero a veces también a hombres, que tienen alguna enfermedad en sus mamas. La mayoría de las veces tiene que ver con el cáncer de mama, pero también podemos tratar patologías relacionadas con las prótesis mamarias o la ginecomastia en los hombres, que es un desarrollo exagerado de la glándula mamaria. También hay patología benigna de la mama, no solamente es cáncer”, detalló. Además, recordó que la mastología es hoy una especialidad reconocida por el Ministerio de Salud de la Nación, “como tenés cardiología o ginecología”, cuando antes era una subespecialidad de la ginecología.
Cirugías menos agresivas y recuperaciones más rápidas
Mignini buscó desarmar uno de los mayores miedos que despierta el diagnóstico. “Muchas veces se asoció el tratamiento quirúrgico del cáncer de mama con cirugías mutilantes, de altísima complejidad, con que se les iban a inflamar los brazos, que no iban a poder hacer más actividades o que no les iban a poder tomar más la presión de ese lado. Hoy en día hay que ver cada caso en particular, pero en líneas generales en la mayoría de las mujeres que se operan por un cáncer de mama no hace falta sacar la mama”, aseguró.
En ese cambio tuvo mucho que ver la cirugía oncoplástica, que permite reconstruir la mama con muy buenos resultados. “La recuperación es rapidísima, son cirugías casi ambulatorias. No se sacan más todos los ganglios, se saca solamente uno que se llama ganglio centinela. La mujer vuelve a su vida habitual a los 10 o 15 días. Esto no pasa siempre, pero la mayoría de las mujeres pueden recuperarse rápidamente. Estos tratamientos quirúrgicos ya no son tan agresivos como en otras épocas”, explicó.
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Lo mismo ocurre con la radioterapia. “Los esquemas de radioterapia que acompañan a la cirugía antes eran de casi dos meses. Hoy hay esquemas de una semana, cinco días. El tratamiento del cáncer de mama va avanzando día a día, apuntando a que sea más efectivo y menos agresivo”, resumió.
El miedo al diagnóstico y a la caída del pelo
El médico advirtió que, ante la angustia, muchas mujeres reciben consejos que no se ajustan a su caso. “Eso pasa todos los días. La mujer, frente a la desesperación, escucha a la vecina que le dice ‘por qué no te sacás todo y después hacés la quimioterapia’. Y hay que decir: esperemos un segundito, porque tal vez tu caso es un nodulito de un centímetro en el que no va a hacer falta quimioterapia ni sacar la mama, y la chance de curación es de más del 95%. Entonces siempre le digo: vamos a ver con lo que tenés, no extrapoles”, contó. A eso se suman las consultas a internet: “Antes decíamos ‘el doctor Google’, y hoy tenemos el doctor inteligencia artificial, que es peor”.
Según explicó, cuando una persona recibe el diagnóstico, “su primer llanto tiene que ver con el miedo a morirse de esta enfermedad”, y el segundo, con la quimioterapia y la caída del pelo. “Muchas veces es peor decirle a una mujer que tiene que hacer quimioterapia que darle el diagnóstico. Frente al diagnóstico, muchas dicen ‘bueno, listo, tengo esto, decime cuándo empiezo, qué tengo que hacer’. Pero cuando después le decís que para completar tiene que hacer quimioterapia, ahí viene el otro miedo”, relató.
Sobre ese punto, reconoció que “casi todas las quimioterapias tienen algún grado de caída del cabello”, aunque hoy existen alternativas. “Utilizamos unos cascos fríos que evitan la caída del cabello. No están disponibles en todas las instituciones, pero también hay cascos fríos caseros. Y después hay bancos de pelucas”, explicó. Cómo funcionan: se colocan alrededor de una hora antes de la sesión y, al bajar la temperatura del cuero cabelludo, provocan una vasoconstricción en el folículo piloso que impide que la medicación llegue hasta allí.
“De esa manera se evita la toxicidad de la droga sobre el folículo y se evita la caída del cabello. Puede hacerse con aparatos especiales o de forma casera, llevando hielo”, detalló. Para el especialista, el impacto de perder el pelo va más allá de lo estético. “Tiene que ver con no querer mostrar que uno está enfermo frente a la familia. Uno tiene miedo de mostrarse frente a la sociedad con una enfermedad y que los otros piensen que es grave, y eso también te debilita en la autoestima”, reflexionó.
Un tratamiento en equipo
Mignini destacó que hoy el abordaje es interdisciplinario. “Antes, a lo mejor, el tratamiento lo hablaban el cirujano y el oncólogo, eran dos personas. En la Unidad de Mastología de Grupo Oroño somos más o menos 40 profesionales abocados solo al tratamiento del cáncer de mama”, contó. El equipo incluye psicooncólogas especializadas y un gimnasio donde pacientes en prequirúrgico, posquirúrgico o en plena quimioterapia hacen actividad física para fortalecer los músculos, “porque eso va a hacer que su posibilidad de curación inclusive sea mejor”.
Por qué es clave la detección temprana
Ahí, según Mignini, está el sentido de Octubre Rosa. “Cuanto antes podamos detectar la enfermedad, más posibilidades tenemos de que todos estos tratamientos probablemente se puedan evitar. Si el tumor es más chiquito, hay más chances de hacer cinco o diez días de radioterapia y no tres semanas”, explicó.
También aclaró una confusión frecuente. “La realidad es que el cáncer de mama es difícil de prevenir. Cuando hablamos de detección temprana con la mamografía, el objetivo de la mamografía es detectar el cáncer, no prevenirlo. Detectarlo en forma temprana para aumentar las chances de curación”, señaló. Y dio una cifra contundente: “Nada es 100% en la medicina, pero la chance de curación de un tumor no palpable, es decir, que apareció en una mamografía y que la mujer no se palpa, es superior al 90 o 95%. Eso es lo que buscamos visibilizar durante este mes”.
Antecedentes familiares: qué significan
Ante la consulta de una oyente que tiene antecedentes en su abuela, el especialista respondió en tres partes. “No tener antecedentes familiares no quiere decir que no lo pueda tener. La mujer que no tiene antecedentes se tiene que hacer los controles igual, porque de hecho la mayoría de las mujeres que tienen cáncer de mama no tienen ningún antecedente familiar”, advirtió. Y a la inversa: “Tener antecedentes familiares no quiere decir que vaya a tener cáncer de mama”.
El caso de una abuela, explicó, es un antecedente que no aumenta tanto el riesgo. “El riesgo sube cuando aparecen muchos antecedentes en la familia. Si me decís que tenés a la abuela, la mamá y la hermana, ahí sí aumenta, y entramos en un pequeño subgrupo de mujeres que podrían tener una mutación, como la famosa Angelina Jolie, que tenía una alteración genética con aumento del riesgo. Esto no es lo más común, pero pasa, lo vemos y tenemos la posibilidad de detectarlo en nuestro país”, concluyó.


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