La mejor jugadora de hockey de la historia disfruta que la ciudad viva una fiesta del deporte y ya palpita los Panamericanos Junior de 2029.
Hay algo particular en la manera en que Luciana Aymar siente a la ciudad durante estos Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. No lo hace solamente como una de las grandes deportistas de todos los tiempos ni como embajadora de la competencia. Lo hace, fundamentalmente, como rosarina. Como alguien que creció vinculada al deporte en esta ciudad, que la representó durante años por el mundo y que ahora puede verla convertida nuevamente en escenario de un gran acontecimiento internacional.
Por eso, cuando habla de lo que está sucediendo en Rosario, aparece una palabra que resume buena parte de su mirada: orgullo. «Rosario ya viene haciendo este tipo de eventos, ya contamos con el Panamericano Junior en un par de años más (2029), así que esto es como una previa», señaló Aymar, en referencia a la experiencia que la ciudad tiene como sede de grandes competencias deportivas, mientras caminaba con uno de sus hijos en brazos.
Pero esta vez hay algo que la entusiasma especialmente. No solamente lo que sucede dentro de los escenarios, sino la respuesta de la propia ciudad. «Me encanta porque la gente está súper prendida, está súper emocionada con el evento», contó la Maga tras presenciar el partido que protagonizaron los hermanos Capogrosso por la medalla de bronce de vóley playa. Y enseguida lo lleva a un terreno personal: «Y bueno, como rosarina, obviamente que me llena de orgullo».
La frase adquiere una dimensión especial cuando la pronuncia alguien que conoce desde adentro la relación entre Rosario y el deporte. Lucha Aymar fue una niña que comenzó a jugar al hockey en la ciudad y terminó convirtiéndose en una de las máximas figuras de la historia de Las Leonas. Ocho veces elegida como la mejor jugadora del mundo, campeona mundial y medallista olímpica, llevó durante años el nombre de Rosario a las principales canchas del planeta.
Aymar fue más allá y puso la mira en el impacto que tendrán estos Juegos. Hay una dimensión que considera especialmente importante: lo que una competencia de esta magnitud puede impactar en las nuevas generaciones.
Mucho se habla del legado de infraestructura, uno de los aspectos más concretos que dejan los Juegos. Pero la ex Leona también hace énfasis en otro de los legados posibles, menos visible y difícil de medir: el vínculo que los chicos pueden establecer con el deporte a partir de lo que están viendo.
«El evento en sí es un gran disparador para atraer generaciones, involucrarlas y que tengan ese sentido de pertenencia en el deporte», manifestó con la claridad de una de las grandes banderas del deporte nacional y que conoce al pie de la letra cuál es el recorrido de los deportistas.
Es una mirada que tiene mucho que ver con su propia historia. Porque antes de los Mundiales, los Juegos Olímpicos y los grandes estadios estuvo aquella primera aproximación a una disciplina. El momento en que el deporte aparece como juego, como encuentro y también como una posibilidad.
Por eso Aymar destaca todo lo que puede generar esa cercanía. «Como todos sabemos, el deporte te genera un montón de herramientas y valores», enfatizó. Y en ese sentido considera que la infraestructura que queda en la ciudad representa una oportunidad para quienes vienen detrás: «Qué mejor que contar con toda esta infraestructura y aprovecharla para las generaciones más jóvenes».
Pero si hay algo que atraviesa sus respuestas es la idea de que Rosario no se convierte en una ciudad deportiva por la llegada de los Juegos. Los Juegos, en todo caso, hacen visible una característica que ya forma parte de su identidad. Fue muy clara al definir a Rosario desde el vínculo con el deporte: «Rosario es una ciudad de grandes deportistas».
Y detrás de esos grandes nombres encuentra una explicación que excede al alto rendimiento. «La familia rosarina vive mucho el deporte como una formación en la familia», sostiene.
Esa frase permite entender también por qué la presencia de los Juegos genera una respuesta particular en la ciudad. El deporte no aparece únicamente como espectáculo. Forma parte de una trama que incluye clubes, familias, chicos y jóvenes que encuentran allí un espacio de formación, encuentro y pertenencia. Lucha conoce esa historia y también es parte de ella. Por eso hoy puede mirar los Juegos desde una perspectiva que combina la experiencia de haber competido al más alto nivel con la mirada de una rosarina que observa cómo su ciudad vuelve a abrir sus puertas al deporte sudamericano.
Y el resultado, según cuenta, se siente en la calle. «Yo creo que los rosarinos estamos súper entusiasmados con todo esto. Como rosarina, obviamente que me llena de orgullo», cerró Lucha, que el pasado sábado tuvo un merecido reconocimiento al ser la encargada de encender el pebetero en el Monumento Nacional a la Bandera en la ceremonia de apertura de los Suramericanos.



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