Cuando la luz de esta explosión empezó su viaje, la Tierra todavía no existía. Un equipo de astrónomos encabezado por Benjamin Gompertz, de la Universidad de Birmingham, analizó un estallido de rayos gamma que se mantuvo activo durante 27 días, un récord absoluto para este tipo de fenómenos. Bautizado GRB 220706A, el estallido fue captado el 6 de julio de 2022, pero su estudio detallado recién se conoció ahora.
Lo que más sorprende es la distancia en el tiempo. Su luz viajó más de 7.000 millones de años antes de llegar a nosotros, mientras que la Tierra tiene unos 4.500 millones de años. Es decir, la estrella que la originó ya había colapsado miles de millones de años antes de que se formara nuestro planeta.
Un estallido que debía durar segundos
Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más poderosas del universo. Los de larga duración nacen del colapso de una estrella masiva que forma un agujero negro, mientras que los cortos se producen por la colisión de estrellas de neutrones. En general, se miden en segundos: en este caso, solo el estallido inicial duró unas 15,6 horas, y quedó octavo entre los 549 que analizó el equipo.
Pero el verdadero récord llegó después. El “motor” de la explosión siguió activo y lanzó destellos de rayos X hasta 27 días después, unos 20 días más que el récord anterior. “Antes, la actividad siempre aparecía en los primeros días después de detectar el estallido”, explicó Gompertz, y agregó que el récord previo rondaba los seis días. Hay además un dato curioso: esos 27 días se miden en el “reloj” de la propia explosión. Como el universo se expande, desde la Tierra el fenómeno se vio estirado y la actividad se prolongó durante unos 50 días.
¿Qué pudo causarlo?
Los científicos todavía no lo saben. “Desconocemos cuál es el motor que impulsa este estallido, y eso es lo que lo hace tan fascinante”, reconoció el investigador. La explosión vino acompañada de una supernova inusualmente brillante, y hay dos hipótesis principales. La primera es un magnetar, una estrella de neutrones con un campo magnético extremo, como el que se propuso para otro estallido ultralargo detectado en 2011, el GRB 111209A, cuya supernova se parece mucho a esta.
La segunda apunta a una estrella gigantesca: para alimentar casi un mes de actividad haría falta una con un radio 1.000 veces mayor que el del Sol, una supergigante azul, mucho más grande que las estrellas que suelen producir estos estallidos. También se analiza que el chorro de la explosión haya chocado contra capas de material que la estrella expulsó antes de morir.
Difíciles de cazar
Detectar estos fenómenos no es sencillo. La mayoría de los satélites que los rastrean giran en órbita baja y pierden de vista su objetivo cada 90 minutos, algo que no importa en un estallido de segundos, pero sí en uno de casi un mes. Además, brillan más en rayos X que en rayos gamma. Por eso, el equipo apuesta a la sonda Einstein Probe, lanzada recientemente y mucho más sensible a los rayos X, para encontrar más casos.
Para quienes se pregunten si estas explosiones representan algún riesgo: al haber ocurrido a miles de millones de años luz, no tienen ningún efecto sobre la Tierra. La investigación fue publicada en arXiv y todavía no tiene revisión de pares. Si se confirma, deja abierta una gran pregunta: si estos estallidos ultralargos son una versión extrema de los normales o un fenómeno completamente distinto.


Seguinos