Apenas sonó el silbato final, Lionel Messi no pudo contener la emoción. Argentina acababa de vencer 3-2 a Egipto en los octavos de final del Mundial 2026, tras haber estado 2-0 abajo, y el capitán rompió en llanto en pleno festejo, como ya le había pasado en el debut ante Argelia. Con 39 años, el astro rosarino volvió a mostrar que, cuando se saca los botines, es tan humano como cualquiera.
La imagen se repitió con la misma intensidad de siempre: Messi sin camiseta, desbordado por las lágrimas, y sus compañeros acercándose uno a uno para contenerlo. Lisandro Martínez fue de los primeros en llegar, y lo abrazó dos veces; en la segunda, le habló al oído para agradecerle una vez más. Detrás llegaron Cuti Romero y Nico Otamendi, y luego el resto del plantel, titulares y suplentes, formaron una fila espontánea para acompañarlo en un momento que emocionó a todo el estadio.
Después llegó otro gesto cargado de simbolismo: como si fuera una escena de casamiento, el grupo lo alzó entre todos y lo lanzó hacia el aire, en un nuevo homenaje a quien empujó a un equipo que parecía eliminado y que, sin embargo, encontró la forma de dar vuelta el partido.
Ese llanto no fue casual: llegó después de un partido en el que Messi también atravesó su propia tormenta emocional. A los 20 minutos había fallado un penal —el cuarto en su historia mundialista, sin contar definiciones por tandas— tras una falta de Haissem Hassan sobre Nicolás Tagliafico, que el arquero egipcio Mostafa Shobeir Oufa logró contener. Pese a ese error, el capitán no bajó los brazos: a los 78 minutos dio la asistencia para el gol de Cuti Romero que inició la remontada, y minutos después marcó él mismo el 2-2, en una jugada que arrancó con una habilitación poco ortodoxa de Lautaro Martínez y un pase de Gonzalo Montiel. Enzo Fernández puso el 3-2 definitivo ya en tiempo de descuento, sellando una clasificación tan sufrida como celebrada.
Con este partido, Messi llegó a su presentación número 31 en Mundiales —un récord histórico— y a 21 goles en la historia de la Copa del Mundo, dos más que Kylian Mbappé. También quedó al frente de la tabla de goleadores del torneo, con 8 tantos.
Así, entre el error desde los doce pasos y la remontada que él mismo ayudó a construir, el llanto final de Messi terminó siendo la imagen que mejor resumió lo que significó este partido: el peso de una carrera, la presión de un Mundial que se le escapa con cada edición, y la emoción intacta de un ídolo que, después de tantos años, sigue sintiendo el fútbol como el primer día.


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