Cada 14 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Donación de Órganos, Tejidos y Trasplantes, una fecha que busca visibilizar la importancia de donar y el impacto que esta decisión tiene en la vida de miles de personas que esperan un trasplante. Se trata de una jornada para informar, derribar mitos y reforzar la confianza en un sistema que funciona bajo reglas claras.
En la Argentina, el organismo encargado de coordinar el sistema de procuración y trasplante es el INCUCAI. Según explica el instituto, la donación permite tratar enfermedades que muchas veces no tienen otra alternativa terapéutica eficaz, y puede salvar vidas o mejorar de forma significativa la calidad de vida de quienes reciben un órgano o tejido. En la misma línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) remarca que, para muchas personas, el trasplante es el tratamiento más efectivo o directamente el único posible frente a ciertas fallas orgánicas terminales.
Cómo funciona la donación y quién puede donar
En el país, la donación de órganos solo puede concretarse tras el fallecimiento de una persona en circunstancias muy específicas, por lo general en una unidad de terapia intensiva y con sostén artificial de las funciones vitales. Esto se debe a que los órganos deben mantenerse perfundidos y oxigenados hasta el momento de la ablación para poder ser trasplantados.
Los tejidos, en cambio, pueden donarse en una variedad más amplia de situaciones después del fallecimiento, y permiten realizar trasplantes de córneas, válvulas cardíacas, piel o hueso. A esto se suma la donación en vida, que según el INCUCAI es posible en casos determinados, como la donación de un riñón o de una parte del hígado, siempre bajo una estricta evaluación médica, legal y ética.
Desde la entrada en vigencia de la Ley Justina (Ley 27.447), toda persona mayor de 18 años es considerada donante de órganos y tejidos, salvo que haya dejado constancia expresa de su oposición. Sin embargo, eso no significa que el proceso sea automático ni improvisado: la detección del posible donante, la certificación de la muerte, la evaluación clínica, la preservación de los órganos y la asignación a los receptores se realizan mediante protocolos específicos y bajo supervisión del sistema nacional de trasplantes.
Mitos frecuentes y por qué la información importa
Una de las creencias erróneas más extendidas es que, si una persona es donante, los médicos “no harán todo lo posible” por salvarla. El INCUCAI aclara que esto es falso: la prioridad siempre es salvar la vida del paciente, y la posibilidad de donación solo se evalúa cuando ya no existe chance de recuperación y la muerte fue certificada según criterios médicos y legales.
Otro mito habitual sostiene que cualquier persona fallecida puede ser donante de órganos. En realidad, no todas las circunstancias de un fallecimiento permiten la donación, y en cada caso se realiza una evaluación médica para determinar qué órganos o tejidos pueden utilizarse.
También circula la idea de que la asignación podría depender del dinero o de favoritismos. El INCUCAI explica que la distribución se hace con criterios objetivos, como la compatibilidad biológica, la gravedad del paciente, la urgencia, el tiempo en lista de espera y otros parámetros clínicos establecidos. Por eso, hablar de donación no es solo promover un gesto solidario, sino también difundir información precisa para desactivar temores y prejuicios que pueden afectar la confianza en el sistema.
Una decisión que puede salvar o mejorar varias vidas
El impacto de donar puede ser enorme: un solo donante fallecido puede hacer posibles múltiples trasplantes de órganos y tejidos, beneficiando a varias personas. Además, el trasplante no se vincula únicamente con la supervivencia, ya que en muchos casos permite recuperar autonomía, mejorar la visión, reducir complicaciones graves y retomar actividades cotidianas que una enfermedad avanzada había limitado.
La OMS insiste en que uno de los grandes desafíos a nivel mundial sigue siendo aumentar la disponibilidad de órganos y tejidos. A la vez, subraya la necesidad de garantizar que el acceso al trasplante se dé bajo principios de equidad, seguridad y transparencia.


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