Cada año, más de 20 mil mujeres reciben en Argentina un diagnóstico de cáncer de mama, el tumor más frecuente en la población femenina, según el Observatorio Global del Cáncer (Globocan). Ante ese escenario, los especialistas del Instituto Alexander Fleming (IAF) impulsan un cambio de paradigma: tratar menos para cuidar igual o mejor. El concepto se denomina desescalamiento y apunta a mantener el control oncológico con la menor intervención posible.
En el marco del Día Internacional del Cáncer de Mama, que se conmemora cada 19 de octubre, el mastólogo Federico Coló (MN 47917), director del Centro Mamario del IAF, explicó que se trata de “intentar obtener el mismo control oncológico con la menor intervención posible: menos cirugía, menos radioterapia, menos quimioterapia o tratamientos más cortos”. Según precisó, esta estrategia puede ofrecerse en los casos en que la evidencia demuestra que una intervención adicional aporta poco beneficio para determinado grupo de pacientes, con el objetivo central de evitar el sobretratamiento.
La detección temprana, la clave
Un diagnóstico a tiempo es la puerta de entrada a la mayoría de las técnicas de desescalamiento. Por eso, ante un nuevo bulto, cambios en la piel o el pezón, inflamación o secreciones anormales, el primer paso es consultar con un especialista. De acuerdo con los profesionales del IAF, el cáncer de mama detectado a tiempo tiene una tasa de curación cercana al 90%, y en los estadios avanzados los nuevos tratamientos lograron aumentar la sobrevida, con el objetivo de cronificar la enfermedad y preservar la calidad de vida de las pacientes.
Sin embargo, no todos los subtipos tumorales responden de la misma manera a esta lógica. Coló detalló que los tumores llamados luminales, es decir, aquellos que expresan receptores hormonales y no sobreexpresan la proteína HER2neu, pueden tratarse con técnicas más conservadoras cuando se presentan en estadios iniciales, sobre todo en lo que respecta a la cirugía. El mastólogo aclaró que esto no descarta evaluar el desescalamiento en otros subtipos, ya que cada caso debe individualizarse teniendo en cuenta tanto las características del tumor como factores propios de la paciente, como la edad, las enfermedades asociadas o los antecedentes familiares.
Cirugías más pequeñas y radioterapia más corta
En el terreno quirúrgico, el avance se tradujo en intervenciones más pequeñas y técnicas más precisas. Como resultado, hay menos alteración de la sensibilidad, menos linfedema, cirugías más breves, menos días de internación y menos complicaciones.
La radioterapia también se reformuló. “Actualmente contamos con una sólida evidencia que nos permite repensar los esquemas de tratamiento que se utilizaron clásicamente en el cáncer de mama”, señaló Coló. En ese sentido, agregó que hoy, en determinados casos, se ofrecen tratamientos más cortos y personalizados, e incluso podría considerarse la omisión de la biopsia del ganglio centinela.
Para la doctora Luciana Sabatini (MN 153025), mastóloga y ginecóloga del IAF, “utilizar todas las herramientas terapéuticas disponibles no asegura un mejor resultado oncológico”. La especialista atribuyó este giro al desarrollo de drogas que actúan de forma selectiva según el tipo de tumor, al avance de técnicas quirúrgicas menos invasivas y a esquemas de radioterapia más acotados, que permiten contar con alternativas diseñadas para cada caso. “Lo que verdaderamente ganó terreno en los últimos años es comprender el tratamiento del cáncer de mama en forma personalizada y multidisciplinaria”, sostuvo.
Sabatini remarcó además que el objetivo principal es entender que no siempre “más” tratamiento es “mejor”. Según explicó, recibir tratamientos conservadores, acotados y personalizados permite evitar complicaciones y efectos indeseados, sin comprometer el resultado oncológico.
Un programa de ejercicio para acompañar el tratamiento
Desde enero de este año, el Instituto Alexander Fleming implementa un programa de ejercicio para pacientes oncológicas, una iniciativa que según la institución es única en Argentina y en la que participan mayormente mujeres con diagnóstico de cáncer de mama. De acuerdo con los especialistas, la actividad física regular, combinada con tratamientos desescalados, puede reducir los efectos adversos de la quimioterapia, prevenir el linfedema tras la cirugía y disminuir el riesgo de mortalidad específica por cáncer de mama. No reemplaza ningún tratamiento médico, sino que funciona como complemento del abordaje oncológico integral.
La iniciativa es coordinada por la doctora Águeda M. Cotignola (MN 153025), médica clínica, deportóloga y especialista en ejercicio en oncología, quien lo definió como “un pilar fundamental para mitigar los efectos secundarios más frecuentes de la quimioterapia y otras terapias”. Según explicó, los ejercicios aeróbicos y de fuerza ayudan a combatir la fatiga, mantener la masa muscular, evitar la ganancia de grasa y preservar el estado de ánimo y la calidad de vida.
El programa llevó cinco años de desarrollo y se basa en las recomendaciones actuales de las sociedades científicas. Consta de sesiones planificadas de ejercicios aeróbicos y de fuerza, con una modalidad progresiva que se adapta semana a semana a la capacidad de cada paciente. Para su implementación se diseñó una aplicación móvil específica, que permite programar las rutinas y seguir la evolución de cada participante.
Seguimiento presencial y mediciones objetivas
Aunque el programa no es supervisado, incluye reuniones informativas grupales y consultas presenciales individuales antes de comenzar, al mes, a los tres y a los seis meses. En cada instancia se mide el peso con composición corporal, se realiza un test de caminata de seis minutos, una prueba de fuerza en las manos y una encuesta de calidad de vida, además de registrarse el tiempo de uso de la aplicación.
Cotignola subrayó que el cáncer de mama es uno de los tumores en los que más se estudió el efecto de la actividad física, y que la evidencia demuestra que mantenerse activa tras el diagnóstico reduce de manera drástica el riesgo de mortalidad general y específica por cáncer. La especialista destacó en particular su efecto sobre el linfedema, la hinchazón del brazo que puede aparecer después de la cirugía o la radioterapia de ganglios. “Antiguamente se aconsejaba no mover el brazo afectado, pero la evidencia científica actual desmintió ese mito”, explicó.
Según detalló, el entrenamiento de fuerza progresivo y adaptado es seguro, no empeora los síntomas y ayuda a prevenir esta inflamación. Cuando el linfedema ya está instalado, además, reduce el dolor, mejora la movilidad del hombro y devuelve funcionalidad.
Entre 150 y 300 minutos semanales
La recomendación central para la prevención se mantiene: a partir de los 40 años, todas las mujeres deberían realizarse una mamografía anual, un control que puede adelantarse si hay antecedentes familiares de la enfermedad. A esto se suma la actividad física: distintos estudios asocian entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, como caminatas a buen paso, baile o bicicleta, con una menor mortalidad y una mejora significativa en la calidad de vida, además de un fortalecimiento de la salud cardiovascular.
“La actividad física regular es una de las herramientas de prevención más eficaces y accesibles que existen”, resumió Cotignola, y aclaró que beneficia tanto a mujeres jóvenes como a quienes ya pasaron la menopausia. La especialista insistió en que no hacen falta entrenamientos extenuantes, ya que mantener un nivel regular de actividad moderada a vigorosa es suficiente. “Adoptar la actividad como un hábito es una herramienta de prevención simple, sumamente efectiva y duradera para proteger la salud mamaria e integral”, concluyó.


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