Brasil define este domingo 25 de octubre quién gobernará el país hasta fines de 2030, y uno de los dos nombres en la boleta es el de una figura conocida de la política latinoamericana. Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), llega al balotaje frente al senador Flávio Bolsonaro con la necesidad de dar vuelta un resultado adverso: en la primera vuelta del 4 de octubre obtuvo el 45,16% de los votos válidos, contra el 47,03% de su rival.
Si gana, Lula será el primer presidente de Brasil elegido cuatro veces por voto directo y sumaría 16 años al frente del país. También sería el mandatario de mayor edad en ejercer el cargo: el martes 27 de octubre, dos días después de la elección, cumple 81 años, y terminaría un nuevo período con 85.
Del noreste pobre al sindicalismo y la presidencia
Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, en el estado de Pernambuco, una de las zonas más áridas y pobres del noreste brasileño. De chico se mudó con su familia a los suburbios de São Paulo, donde trabajó como tornero mecánico. Durante la dictadura militar se convirtió en uno de los principales dirigentes sindicales del país y, ya en la década del 80, encabezó grandes huelgas obreras.
En 1980 fundó el PT junto a sindicalistas e intelectuales de izquierda. Perdió las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998, hasta que en 2002 ganó con una imagen más moderada que la del dirigente combativo de sus comienzos, y en 2006 consiguió la reelección. Sus dos primeros gobiernos quedaron asociados a programas sociales como Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida, a una fuerte reducción de la pobreza y a una aprobación cercana al 87% al dejar el cargo.
La cárcel, la anulación de las condenas y el regreso
Su imagen sufrió un duro golpe con la Operación Lava Jato, la investigación anticorrupción que también arrastró al gobierno de su sucesora, Dilma Rousseff. En abril de 2018, cuando lideraba las encuestas, fue detenido por orden del entonces juez Sergio Moro y quedó inhabilitado para competir. Pasó 580 días preso.
En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló sus dos condenas por un error de jurisdicción y después declaró que Moro había sido parcial al juzgarlo, lo que le devolvió sus derechos políticos. En 2022 derrotó a Jair Bolsonaro en un balotaje ajustado y volvió al Palacio del Planalto. Durante aquella campaña había asegurado que, si ganaba, gobernaría un solo período, pero en octubre de 2025 anunció que iría por un cuarto mandato.
Un tercer mandato con turbulencias
El actual gobierno arrancó con el ataque a las sedes de los tres poderes del 8 de enero de 2023 y tuvo que enfrentar, entre otros frentes, la suba de aranceles de Donald Trump contra Brasil y la inflación en los alimentos. En ese período, la Justicia condenó a Jair Bolsonaro a más de 27 años de prisión por planificar un golpe de Estado. La oposición, por su parte, puso el foco en los escándalos de fraude en el INSS, el organismo previsional, y en el caso del Banco Master.
Como principal logro de esta gestión, el oficialismo destaca la reforma del impuesto a la renta, que exime del pago a quienes ganan hasta 5.000 reales por mes. También sumó programas nuevos como Pé-de-Meia, un incentivo económico para que los estudiantes terminen la secundaria. Aun así, la opinión sobre el gobierno está dividida casi en partes iguales: según la última medición de Quaest, el 46% de los brasileños lo aprueba y el 47% lo desaprueba.
La campaña y el balotaje
Lula fue proclamado candidato el 2 de agosto en São Paulo, con Geraldo Alckmin otra vez como compañero de fórmula, y centró su campaña en la defensa de la democracia, la preservación de su legado social y la necesidad de frenar a la ultraderecha. Frente a las dudas por su edad, aseguró que está “infinitamente más en forma” que cuando asumió por primera vez, a los 57 años.
El resultado de la primera vuelta lo sorprendió, porque las encuestas lo mostraban adelante, y él mismo lo calificó de inesperado. Los sondeos de los últimos días marcan un empate técnico: el más reciente de Datafolha, publicado el jueves, le da el 46% de intención de voto contra el 47% de Flávio Bolsonaro, una diferencia dentro del margen de error. El noreste, su región de origen, sigue siendo su principal bastión electoral.


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