Cabrón se trata de un libro íntimo en el que Reynaldo Sietecase narra la relación con su padre muerto hace 20 años, y lo hace, sobre todo, a partir de los objetos que quedaron de él: desde un par de anteojos hasta una radio. Estos objetos conforman ese amplísimo conjunto de lo que llamamos «las cosas» y que suponemos inanimadas y, por lo tanto, mudas.
Las cosas no son silentes: hablan en un idioma que a veces no entendemos y, convertidas en recuerdo, se vuelven narraciones que nos cuentan de nosotros mismos y forman parte de nuestra identidad. Sietecase lo comprobó el día en que, de golpe, los objetos que dejó su padre comenzaron a contarle historias. Quizá antes no las escuchaba.
Es por esto que el equipo de Escenario Mercenario se puso en comunicación con Reynaldo Sietecase quien habló de su nuevo libro: «Es un libro raro este Cabrón. Estaba muy metido con las novelas criminales y en eso, cursé una maestría de escritura creativa y en medio de eso, en la presentación de la tesis, tenía pensado una novela corta, con dos personajes, otro policial. Y en medio apareció un ejercicio sobre un recuerdo y me acordé de la guitarra de mi viejo»
«Mi papá conoció a mi mamá en el Tala, soy socio vitalicio. Hace poco me mandaron el carnet que me mandaron de aquella época y tengo una foto de los 4-5 años porque siempre me resistí cambiarlo. Tengo unos recuerdos hermosos, es como el patio de mi casa. A veces pienso como los gobiernos con muy poquito los gobiernos podrían generar una red de contención muy potente»
Consultado por la razón de escribir sobre su padre, Reynaldo continuó: «El trabajaba en el Banco de Santa Fe pero le gustaba mucho cantar. Describí la guitarra, pero no me acordaba de su voz. Me agarró mucha angustia. A partir de eso busqué una filmación, le vi los anteojos que yo también tengo. Y a partir de ahí escribí sobre los objetos y no pude parar. Así terminó siendo un libro».
Un libro que evoca imágenes, recuerdos y un factor en común entre los lectores: «Hay un corte generacional que nos acerca a eso, pero me está pasando en presentaciones que a la gente le pega el tema del padre. Es tan fuerte cuando sobra como cuando falta».
Referido a cómo terminó el libro explicó: «En un momento dije hasta acá. También hice el ejercicio de cortar, el libro tenía casi 100 páginas más, pero me di cuenta que estaba yo muy presente y que no era la idea. El objetivo era contar a mi padre. Quedaron algunas marcas, pero solo las que tienen que ver con la vinculación con el».
«Lo pienso como una especie de rompecabezas. Cada parte puede contar el todo. Tiene un montón de fragmentos. Lo leyó mi hermana, a ella fue la única que le leí algunas partes que estaba involucrada, también lo leyó uno de mis hijos. De a poco tiene buena recepción. La memoria está muy tamizada por los sentimientos y en la distancia es un reflejo fragmentado que pasa por tu mirada « concluyó.
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