El director ejecutivo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Luciano Laspina, visitó Escenario Mercenario y cuál cómo será la colaboración de la organización en los diálogos por la carta orgánica de Rosario, la norma que se votará el año próximo y que funcionará como una suerte de constitución de la ciudad. El exdiputado participó este lunes 2 de noviembre de un encuentro sobre “la Rosario que viene” junto a la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, y al intendente Pablo Javkin.
Según contó, la jornada tuvo dos instancias. Primero hubo un panel con los tres oradores y luego un espacio de unos 30 minutos en el que vecinos, clubes de barrio, comerciantes y empresarios volcaron por escrito qué debería incluir esa constitución local. “En general fue muy buena la repercusión porque, primero, la política escucha a la gente, que en general es al revés”, valoró Laspina. La idea es que CIPPEC, que se define como una organización técnica y apartidaria que recomienda políticas públicas basadas en evidencia, ayude a compilar esas discusiones y a armar una base programática para la propuesta de reforma. “Nosotros no vamos a ser los autores, vamos a colaborar aportando algunas ideas y otras experiencias”, aclaró.
Qué debería decir la carta orgánica
Para Laspina, el texto tiene que ser “una carta orgánica simple, no llena de principios y buenas intenciones”, pero con algunos ejes claros: gobierno abierto, racionalidad presupuestaria, defensa del contribuyente y la organización del área metropolitana. Como antecedente cercano mencionó la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que según él tuvo “aciertos y errores” en la forma de armar y controlar su gobierno. “En el fondo es una discusión filosófica de qué ciudad queremos los rosarinos para nuestros hijos”, resumió.
El punto en el que más se detuvo fue la protección de quienes invierten. “Un capítulo importante tiene que ser la protección del contribuyente. Y ese contribuyente también son las empresas. Estaría muy bueno poder dar algunas garantías a las inversiones que vienen a la ciudad de Rosario”, planteó. Para graficarlo, propuso que ese resguardo quede escrito como regla: “El principio de que cuidamos las inversiones debería estar establecido en la carta orgánica. Si mañana viene un intendente que empieza a subir las tasas municipales de manera descontrolada, atacando las inversiones, alguien le puede decir: ‘Mirá que estás violando la carta orgánica’”.
El economista también destacó que Rosario tiene “todas las condiciones para ser una ciudad ideal para atraer inversiones y talento joven”, sobre todo ahora que la seguridad mejoró respecto de años anteriores. En ese sentido, advirtió sobre el envejecimiento de la población: señaló que la tasa de fecundidad cayó a la mitad en los últimos años y que en Santa Fe ya mueren más personas de las que nacen. Por eso, sostuvo que la ciudad deberá pensar desafíos en transporte, salud e infraestructura, y atraer a los jóvenes “con ofertas culturales, con educación, con una ciudad de escala humana, que sea vivible”. Agregó que la prevención de desastres climáticos, como olas de calor o inundaciones, también debe formar parte de la discusión.
“Pesimista de corto, optimista de largo plazo”
Laspina enmarcó el futuro de Rosario en el de la Argentina y el mundo. A su entender, el país tiene “una oportunidad histórica de volver a crecer” gracias a lo que hoy demanda la geopolítica global: energía, minerales críticos y alimentos. Comparó la situación actual con la etapa de 1880 a 1930, cuando la Argentina era “el granero del mundo”, y anticipó que esa ola puede impulsar el crecimiento de ciudades del interior con escala vivible, como Rosario.
“Soy muy optimista con la Argentina. Soy pesimista de corto y optimista de largo plazo. En el corto plazo estamos en un barro, pero estructuralmente la Argentina está en un tren muy largo que incluso la excede”, afirmó. Sobre la gestión nacional, consideró que “el gobierno de Milei tuvo aciertos muy importantes en el intento de estabilización de la macro”, aunque aclaró que “no alcanza” y que la economía sigue “en proceso de transición”: “Está peleando con la tasa de interés, la inflación, no hay crédito, todavía tenemos cepo para las empresas”. Aun así, se mostró confiado: “Tenemos la posibilidad de crecer de manera sostenida en un país divino. Está muy cerca. Estoy esperanzado, pero no por la política. Es un proceso, no es un gobierno”.
Por último, se refirió al clima político global. “En todas las democracias del planeta hay una impugnación del establishment, de las instituciones, de las autoridades constituidas, que de alguna forma ha generado algo positivo, como la democratización de la palabra. Pero al mismo tiempo esa impugnación ha generado un deterioro de la política”, reflexionó.


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