Salud

Julián Weich habló de la depresión que atravesó en pleno éxito: “A mí me dolía la vida”


En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemoró el sábado 10 de octubre, Julián Weich compartió una de las reflexiones más íntimas de su carrera. En una entrevista exclusiva con TN, el conductor habló sin filtros de la depresión que atravesó en pleno éxito televisivo, del momento en que entendió que necesitaba ayuda y de cómo aprendió a reordenar sus prioridades. “A mí me dolía la vida”, resumió, con una sinceridad que desarma.

La tristeza detrás de la sonrisa

Para millones de argentinos, Weich era sinónimo de alegría. Sin embargo, mientras conducía Sorpresa y 1/2 y el programa alcanzaba los 30 puntos de rating, por dentro atravesaba un cuadro depresivo. Lejos de mostrarlo, siguió trabajando como si nada pasara, porque sentía que su rol era hacer divertir a los demás. “A veces la tristeza estaba en los momentos de mayor éxito”, reconoció.

El punto de quiebre llegó con un pensamiento que lo asustó: se dio cuenta de que ya no le importaba seguir viviendo. Aunque aclaró que nunca pensó en hacerse daño, esa señal fue suficiente para pedir ayuda y empezar a entender lo que le estaba pasando. Su relato deja un mensaje claro: reconocer a tiempo que algo no está bien puede ser el primer paso para salir adelante.

Una nueva forma de mirar la vida

Con los años, aquel dolor se transformó en aprendizaje. Hoy, el conductor asegura que vivir con la conciencia de que la vida es finita le quitó dramatismo a todo lo demás y le permitió poner las cosas en su lugar. “Los problemas son los de salud. Todo lo demás son inconvenientes”, sintetizó.

Esa filosofía se volvió parte de su día a día. Contó que aprendió a frenar cuando su cabeza se engancha en preocupaciones innecesarias o en la ansiedad por lo que todavía no pasó, aunque admite que no es algo automático, sino un ejercicio constante. Su búsqueda espiritual, sin dogmas ni imposiciones, también lo ayudó a resignificar el sufrimiento y mirarlo desde otro lugar.

Los chicos, su gran causa

Weich contó que tuvo una infancia muy dolorosa, y esa marca explica buena parte de su compromiso actual con los más chicos. “El chico no tiene voz ni voto. Es responsabilidad de los adultos estar ahí”, afirmó. Ese impulso se traduce en sus 34 años como embajador de UNICEF y en el padrinazgo de Larcio y Jossías, dos jóvenes de Mozambique que llegaron al país para estudiar becados en la UCA.

Entre todas las devoluciones que recibió a lo largo de su carrera, hubo una que lo conmovió especialmente: una persona le confesó que, mientras sufría violencia en su casa, verlo en el “Agujerito sin fin”era su única bocanada de aire. “No voy a dejar de hacerlo sabiendo que puedo ayudar a alguien”, aseguró, convencido de que sus palabras pueden hacerle bien a otros.

Lo que quiere dejar

Hoy, lejos de la lógica del éxito permanente, el conductor dice estar más conectado con el presente y menos pendiente de lo que viene. “Soy más feliz ahora que cuando hacía 30 puntos de rating”, afirmó. Su foco, explicó, ya no está en lo que logra, sino en lo que les deja a sus hijos.

Y cuando piensa en cómo le gustaría ser recordado, la respuesta le sale sin dudar: “Que no me traicioné. Que sigo siendo el mismo”.

Si estás atravesando un momento difícil, pedí ayuda

Hablar de lo que nos pasa no es un signo de debilidad, sino el primer paso para estar mejor. Si sentís angustia o tristeza persistente, o atravesás pensamientos de no querer vivir, podés comunicarte con el Centro de Asistencia al Suicida de forma gratuita y confidencial:  (011) 5275-1135 y 0800 345 1435 desde todo el país. Ante una emergencia, llamá al 911 o acercate a la guardia del hospital más cercano.

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