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Una «curita futurista» para heridas que no cierran: la apuesta de una genetista argentina


La genetista argentina Mikele Amondarain, de 33 años, pasó por «Otro día perdido», el programa que conduce Mario Pergolini en eltrece, para mostrar un invento que llamó la atención: un parche regenerativo de tejidos humanos, una especie de «curita» de nueva generación. Allí contó cómo funciona, por qué todavía no se consigue y de qué manera una pérdida familiar la impulsó a buscar una solución para otras personas.

Una historia que empezó en los hospitales

Oriunda de Coronel Pringles, en el sur de la provincia de Buenos Aires, Amondarain acompañó durante 14 años a su papá, que luchaba contra un cáncer. Estuvo a su lado en internaciones y operaciones, y recordó que él vivió más de lo que los médicos esperaban: lo vio pelear, buscar tratamientos nuevos y aferrarse a la idea de salir adelante.

Esa etapa le dejó una marca profunda. De tantas cirugías, la piel de su padre se fue debilitando hasta que las heridas ya no lograban cerrar. De ese recuerdo nació la pregunta que hoy guía su trabajo.

De la escuela técnica al laboratorio

Tras terminar el secundario en una escuela técnica, se recibió de licenciada en Genética en la UNNOBA, en Pergamino, a pocos kilómetros del límite con el sur santafesino. Luego hizo su doctorado en el Instituto de Neurociencias (CONICET-Fleni), donde comenzó el proyecto junto a su director de tesis, que hoy es su socio.

Ese trabajo dio origen a Vesicly, la startup biotecnológica que fundó para llevar el desarrollo fuera del laboratorio. El proyecto ya cuenta con una patente y avanza en una segunda.

Cómo funciona el parche

El parche se fabrica con impresión 3D a partir de un hidrogel de biopolímeros naturales y reabsorbibles, es decir, materiales que el cuerpo absorbe de forma progresiva. Su componente clave son los exosomas: diminutas vesículas que liberan las células madre del cordón umbilical.

Para entenderlo de forma sencilla, los exosomas funcionan como mensajeros: transportan información biológica que estimula la regeneración y frena la inflamación. Como no incluyen la célula completa ni material genético, el equipo sostiene que se evita el rechazo del organismo.

Según la investigadora, el parche reduce a la mitad el tiempo de cierre de una herida, logra una regeneración de muy buena calidad y hasta puede hacer que vuelva a crecer pelo en la zona tratada.

Para qué tipo de heridas está pensado

Puede aplicarse en cualquier parte del cuerpo y apunta a las heridas complejas, aquellas que cuestan mucho cicatrizar: úlceras, escaras, quemaduras y pie diabético, entre otras lesiones crónicas de la piel. El equipo también evalúa su uso en chicos con piel de cristal o de mariposa (epidermólisis bullosa), una enfermedad genética poco frecuente en la que la piel se lastima o se abre ante el mínimo roce.

¿Cuándo podría estar disponible?

Por ahora, no está a la venta ni se aplica en pacientes. Amondarain explicó que están terminando los ensayos preclínicos, realizados en células y en animales. Los próximos pasos son las pruebas en animales de mayor tamaño y, finalmente, los ensayos en personas, la etapa que define si un tratamiento es seguro y eficaz. Por eso, los resultados que se conocen hasta ahora corresponden a esas fases iniciales.

Reconocimientos y próximos pasos

El proyecto funciona en el Parque de la Innovación de la Ciudad de Buenos Aires y ya sumó un respaldo internacional: en mayo ganó la Beca Draper en un programa de tecnologías para la longevidad organizado por el Tecnológico de Monterrey, en México.

En octubre, la científica viajará a Silicon Valley para participar de un programa de aceleración de empresas biotecnológicas y buscar inversores que financien las próximas etapas. Aun así, dejó clara su prioridad: le encantaría que el desarrollo crezca en la Argentina, aunque llegue con apoyo y financiamiento del exterior.

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