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Insomnio y trastornos del ánimo: cómo se retroalimentan y qué dice la ciencia


Dormir mal y tener problemas en el estado de ánimo están más conectados de lo que parece. En el Día Mundial del Sueño, que se conmemora este 13 de marzo, es importante destacar que distintas investigaciones muestran que el insomnio puede aumentar el riesgo de desarrollar depresión o ansiedad, mientras que esos trastornos emocionales también pueden empeorar las dificultades para dormir, generando un círculo difícil de romper.

Especialistas explican que cuando una persona se preocupa demasiado por no poder dormir, la ansiedad y la hipervigilancia aumentan, lo que hace aún más difícil conciliar el sueño. Este mecanismo termina alimentando el problema: la falta de descanso afecta el equilibrio emocional y, al mismo tiempo, el malestar psicológico agrava el insomnio.

Los estudios también indican que hasta uno de cada cinco pacientes con insomnio podría desarrollar depresión mayor, lo que refleja el fuerte vínculo entre el sueño y la salud mental. Factores como el estrés crónico, los malos hábitos de descanso o ciertas enfermedades pueden desencadenar o agravar este tipo de trastornos.

Ante este panorama, los expertos señalan que existen estrategias efectivas para mejorar la situación. Entre ellas se destaca la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, considerada una de las herramientas más eficaces, junto con cambios en los hábitos de sueño, manejo del estrés y la búsqueda de apoyo profesional cuando el problema persiste. 

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