El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció que la demanda de pesos por parte del público —uno de los pilares del proceso de desinflación— resultó inferior a lo proyectado cuando se lanzó la llamada Fase 4 del Programa de Estabilización, en enero pasado. A pesar de ello, la entidad mantiene su pronóstico de una baja del índice de precios en el corto plazo.
En el punto 50 del último Informe de Política Monetaria (IPOM), publicado recientemente, el BCRA señala que, si bien la demanda de activos financieros en pesos —como bonos— creció con fuerza, la demanda de dinero para uso transaccional mostró un dinamismo menor al anticipado en el IPOM de diciembre.
Este punto no es menor: el consenso entre economistas indicaba que el programa del Gobierno había sido diseñado sobre la base de un aumento de la demanda de dinero que finalmente no ocurrió —algo que ahora el propio organismo reconoce—. Precisamente sobre esa hipótesis, el presidente Javier Milei había anticipado una caída pronunciada de los precios hacia mediados de año.
En diciembre de 2025, el BCRA anunció la Fase 4 del programa, que contemplaba la compra de 10.000 millones de dólares para fortalecer las reservas. Se estimaba que los pesos emitidos en esa operación serían absorbidos de manera natural por la demanda del público, sin necesidad de esterilización. Sin embargo, ese excedente monetario no quedó en manos de los ciudadanos, sino que fue captado por el Tesoro Nacional a través de la colocación de bonos en moneda local.
El BCRA precisó que los medios de pago tradicionales, medidos a través del M2 privado transaccional —que incluye el circulante más los depósitos bancarios a la vista— se ubicaron cerca de dos desvíos estándar por debajo del escenario base previsto.
Según el informe, en abril dicha variable representó el 5,6% del PBI, tres décimas menos que en diciembre. A precios constantes y ajustada por estacionalidad, registró una contracción mensual promedio del 1,6% durante el primer cuatrimestre del año. El organismo esperaba que el M2 superara el 6% del PBI en este tramo del año.
El BCRA identificó tres factores que explican por qué los agentes económicos no han incrementado su tenencia de pesos:
El primero es que la baja de las tasas de interés tardó más de lo previsto en concretarse. El segundo tiene que ver con la demanda de instrumentos «dólar linked» en el mercado, lo que sugiere que el ciclo de inversión en bienes de capital de las empresas —con impacto directo sobre la demanda de dinero— se produjo con retraso respecto al momento en que se liquidaron las divisas del financiamiento. El tercero apunta al avance de los medios electrónicos de pago, que habría reducido la necesidad de mantener dinero en efectivo: el circulante en poder del público fue perdiendo peso relativo dentro del M2 privado transaccional.
En este último punto, el informe destaca que los Fondos Comunes de Inversión Money Market —de retiro inmediato— ganaron protagonismo como instrumentos de liquidez, con mayor participación de personas físicas y una ampliación progresiva de los horarios de rescate con acreditación inmediata. El BCRA señala que, en términos prácticos, estos fondos funcionan en algunos casos como medios de pago, aunque no están contemplados en la definición tradicional del M2 transaccional.
El IPOM sostiene que se espera una reducción de la tasa de inflación mensual en el corto plazo, sustentada en la política de disciplina fiscal y monetaria. Para las autoridades del organismo, no existen condiciones macroeconómicas que justifiquen una aceleración inflacionaria.
En línea con los planteos del ministro de Economía Luis Caputo, el BCRA atribuye la dinámica reciente de los precios al reacomodamiento de precios relativos en mercados específicos —principalmente servicios—, mientras que otros sectores muestran mayor estabilidad, en parte favorecidos por la caída del precio internacional de la energía derivada del conflicto en Irán.
La entidad también descarta un efecto de «segunda ronda», es decir, que otros actores económicos aprovechen el contexto para ajustar preventivamente sus propios precios. Según el BCRA, la ausencia de inercia inflacionaria a nivel macroeconómico permite prever que el impacto energético no se trasladará al resto de los mercados de bienes y factores domésticos.


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