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Contar pingüinos en la Antártida: el trabajo soñado que paga hasta 2.500 euros por mes


Contar pingüinos, observar el nacimiento de sus crías y vivir durante cinco meses en uno de los lugares más remotos del planeta. El plan parece sacado de una película de aventuras, pero forma parte de un trabajo real en la Antártida, con un sueldo de entre 1.700 y 2.500 euros.

La propuesta es del UK Antarctic Heritage Trust (UKAHT), que cada año busca un equipo reducido para trabajar rodeado de hielo y pingüinos. El puesto combina atención al público, conservación histórica y seguimiento de la fauna local. Además del salario, la organización cubre el alojamiento, la comida y el equipamiento necesario para soportar las condiciones climáticas extremas.

El destino de los seleccionados es la isla Goudier, un trozo de roca y hielo del tamaño de un campo de fútbol, situado en el archipiélago Palmer. Allí se levanta Port Lockroy, una emblemática base militar fundada en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la misteriosa Operación Tabarín. Abandonada en 1962, la instalación fue restaurada tres décadas después y hoy funciona como Sitio y Monumento Histórico protegido por el Tratado Antártico.

En la actualidad, el lugar alberga un pequeño museo, una tienda de recuerdos y la famosa Penguin Post Office, una oficina de correos en funcionamiento. Durante el verano, que se extiende de noviembre a marzo, la base recibe entre 10.000 y 18.000 visitantes que llegan en cruceros de expedición. El equipo se encarga de atender la tienda, guiar a los turistas, clasificar la correspondencia y sellar a mano más de 80.000 postales por temporada.

El censo de pingüinos, la misión estrella

Más allá de la atención al público, el corazón del proyecto es la investigación científica. El equipo es responsable de supervisar y censar la colonia de pingüinos papúa que habita la isla, un monitoreo que el British Antarctic Survey realiza de forma ininterrumpida desde 1996 para medir el éxito reproductivo de las aves y el impacto del turismo.

El protocolo exige una disciplina impecable para no alterar el ecosistema. Durante las primeras semanas, los trabajadores solo inspeccionan una subcolonia específica cada dos días, para reducir al mínimo su presencia. El momento clave llega cuando el 95% de los nidos ya tiene huevos: entonces, todo el equipo recorre la isla para realizar el censo general. En diciembre de 2024, por ejemplo, se contabilizaron 571 nidos y 938 huevos.

La operación se repite al final de la temporada, cuando los polluelos ya están agrupados en guarderías. En esa etapa se hacen recuentos sucesivos hasta que dos cifras consecutivas tengan una diferencia menor al 10%.

Cuáles son las tareas en la base

  • Atender a los turistas: recibir a los visitantes y brindarles información sobre la historia de la base.
  • Trabajar en la tienda de recuerdos: organizar y vender productos a quienes llegan en los cruceros.
  • Clasificar y sellar correspondencia: procesar las cartas y postales que pasan por la oficina postal antártica.
  • Colaborar con el monitoreo ambiental: participar en los censos de la colonia de pingüinos.
  • Mantener las instalaciones: realizar tareas cotidianas de limpieza, mantenimiento y acondicionamiento de los espacios.

Sin ducha diaria ni red eléctrica

Pese a lo atractivo del paisaje, la convivencia no es apta para cualquiera. La base no tiene agua corriente, por lo que el agua potable debe trasladarse a mano en bidones de 20 litros desde los barcos que visitan la isla. Esta limitación reduce drásticamente la higiene personal: las duchas suelen ser una vez por semana, y si un temporal de nieve impide la llegada de embarcaciones, los trabajadores pueden pasar hasta dos semanas sin bañarse.

El inodoro es de campaña y el equipo debe vaciarlo a mano todos los días. Además, como la energía proviene exclusivamente de paneles solares, está estrictamente prohibido usar artefactos de alto consumo, como secadores de pelo o microondas.

Tampoco hay cobertura de celular convencional. Para comunicarse con sus familias, el personal depende de una conexión a internet satelital de ancho de banda limitado o del wifi que comparten los barcos cuando están fondeados.

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