Después de casi diez años de funciones en todo el país y el exterior, y tras consagrarse como un éxito en la escena porteña, “La Violencia de la Ternura”, la obra creada y protagonizada por el rosarino Tomás Quintín Palma, se presentará por primera vez en Rosario el viernes 15 de mayo a las 21 en el Teatro El Círculo. Pero la obra rompe con esa lógica: no todo lo que hace reír es liviano. Y lo deja en claro desde una premisa incómoda: un padre payaso también puede herir.
Definida como un biodrama, la obra reconstruye una historia profundamente local: la infancia de Quintín dentro de una familia de payasos, donde la risa no era solo un juego, sino un mandato y una forma de vida. Un universo de pelucas, títeres gigantes y escenarios precarios, donde hacer reír era prioridad y no había lugar para lo serio. Tomás Quintín Palma se acercó a los estudios de Radiofónica Medios y charló en Escenario Mercenario sobre la experiencia de volver a su ciudad a actuar: «Estoy contento, emocionado y conmovido. Hago la obra con mi papá, que es un payaso rosarino, autor del encuentro Payadas y del Tortazo».
«La hicimos durante ocho años en todos lados, menos en Rosario. Como es una obra de auto ficción podes mentirle a todos, menos a los tuyos. Mi familia trabaja con Tito y Pelusa y Piripincho, entonces tengo muchos recuerdos con ellos, fotos y videos. Arme un show de archivo, memoria y recuerdo que está involucrada toda una fauna rosarina que para un uruguayo o cordobés no lo podían creer» explicó.
En esta puesta, el límite entre ficción y realidad se desdibuja con la presencia en escena de su propio padre, Marcelo Quintín Palma, en un cruce tan real como conmovedor. Sobre el escenario, ambos atraviesan una historia marcada por silencios, tensiones y heridas que salen a la luz.
Tomás expresó las transformaciones del show alrededor de los año y cómo decidió traer el show: «La obra pasó por muchas versiones. La hice con mi hermano, la hice solo… El año pasado hicimos temporada en calle Corrientes y salió espectacular. En las últimas funciones dije ‘Estamos listos para ir a casa’. Hay cierta susceptibilidades que ahora no herimos y ahora está perfecta».
«Estamos sanando mientras lo estamos haciendo. Mi papá se está subiendo conmigo al escenario ahora y le digo cualquier cosa. De hecho, en un momento nos abrazamos y nosotros no lo hacemos en la vida o en los ensayos. Se están jugando un montón de cosas entre padre e hijo. Hay gente que la va a ver que llora, se emociona. Es un espectáculo para ver con tu familia» añadió.
Además, comentó el choque del porteño con parte de la historia rosarina: «En Buenos Aires no pueden creer que tenemos un “Piripincho” o “Tito y Pelusa”. Rosario es muy potente porque tiene su propia mitología viviente que cuando la ves no podes creer».
Me hace reír las personas que no están queriendo hacer reír, un comerciante, alguien que te cuenta una teoría. Los escucho y veo que no quieren ser graciosos, tienen una convicción. Y cuando escucho una convicción ridícula sobre algo, sobre todo si no ríe, es un caso de salud mental que me hace reír. Las obsesiones de la gente, también.
En ese recorrido aparecen figuras como “Piripincho” y “Tito y Pelusa”, nombres que forman parte del imaginario rosarino y de una herencia familiar tan afectiva como compleja. Con música en vivo y un lenguaje que combina lo poético, lo grotesco y lo confesional, la obra se consolidó como una de las propuestas más impactantes y singulares del teatro argentino actual.
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