El tablero político nacional empieza a moverse al ritmo de una discusión clave: la reforma electoral que impulsa el gobierno de Javier Milei. Entre los cambios bajo análisis sobresalen dos medidas de fuerte impacto: la eliminación de las PASO y el regreso de las listas colectoras.
En diálogo con Escenario Mercenario, Lourdes Lodi, directora del Observatorio Político Electoral de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), desmenuzó el trasfondo de este proyecto y advirtió sobre los desafíos técnicos que implicaría su aplicación.
«Todavía no sabemos cuántas veces vayamos a votar en el 2027», advirtió Lodi, señalando que el cronograma final quedará supeditado a lo que resuelva el Congreso. En un año de renovación general, la ciudadanía debe elegir intendentes, gobernadores, concejales, legisladores provinciales y nacionales, además de la fórmula presidencial y los parlamentarios del Mercosur. Como antecedente, la especialista recordó que en 2023 los argentinos debieron asistir a las urnas hasta cinco veces.
Si bien el discurso de la Casa Rosada se apoya en la necesidad de reducir la cantidad de votaciones, achicar el «costo de la política» y devolver la autonomía a los partidos para definir sus candidatos, Lodi identificó una fuerte motivación geopolítica.
«El objetivo en realidad del oficialismo es quitarle una herramienta a la oposición peronista, que en caso de aglomerar a distintas corrientes políticas puede unificar cosas que son difíciles en una elección general. Es una manera de dispersar al enemigo», analizó.
Con un Javier Milei enfocado en la reelección y el armado de listas legislativas centralizado bajo la firma de Karina Milei, la reforma cerraría la puerta a disputas internas con aliados externos: «Hay que tener en cuenta que con este proyecto, por ejemplo, Mauricio Macri no podría presentar su candidatura en una interna con el oficialismo», graficó.
En ese tablero, el oficialismo busca medir fuerzas frente a una oposición fragmentada cuyo mapa de nombres es sumamente amplio: «Hoy tiene candidatos que abrevan desde La Cámpora y Axel Kicillof, hasta incluso no se descarta a Victoria Villarruel como candidata opositora», apuntó Lodi.
El segundo eje de la reforma es la habilitación de las listas colectoras, un mecanismo que permitiría a una misma candidatura presidencial traccionar votos desde diferentes listas de diputados nacionales en las provincias y CABA.
Para el Gobierno, se trata de una herramienta de seducción federal. Permitiría que gobernadores decididos a cuidar su territorio presenten listas con dirigentes propios en apoyo a Milei, sumando de forma paralela a los candidatos puros de La Libertad Avanza.
Sin embargo, el verdadero nudo ciego de la propuesta es operativo. «El problema es que la colectora se usaba con la vieja boleta sábana, pero ahora tenemos que ver cómo se implementa con el sistema de Boleta Única de Papel (BUP) que se usa a nivel nacional», advirtió la analista.
Diseñar una boleta donde convivan múltiples listas provinciales colgadas de un mismo casillero presidencial representa un desafío visual y conceptual enorme para el votante. Lodi alertó que el desconocimiento de las nuevas herramientas de votación ya pasó factura en los comicios legislativos de 2025, donde el voto en blanco en diputados duplicó a la categoría de senadores.
«Muchas veces se olvidan de que quien resuelve la elección es el elector en un box de votación con una birome y una boleta», concluyó.4


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