Las alergias representan una respuesta exagerada del sistema inmunológico ante sustancias que suelen ser inofensivas para la mayoría de las personas. Ya sean desencadenadas por alimentos, medicamentos, picaduras de insectos, látex o factores ambientales como el polen y los ácaros, sus manifestaciones varían desde una leve molestia hasta cuadros potencialmente mortales como la anafilaxia. En este escenario, la farmacia de barrio se posiciona habitualmente como el primer punto de acceso a la salud al que acuden los afectados.
Sobre esta problemática dialogó Romina Carino, representante del Colegio de Farmacéuticos, en Escenario Mercenario. Durante la entrevista, la profesional enfatizó que el trabajo en el mostrador va mucho más allá de la simple dispensación de medicamentos. «Nuestra intervención incluye educar sobre el uso correcto de los tratamientos, promover medidas de prevención y evitar a toda costa la automedicación», explicó Carino, sumando que una de las tareas más críticas es derivar oportunamente al médico cuando la situación lo requiere.
El asesoramiento profesional resulta fundamental para prevenir complicaciones y garantizar un tratamiento seguro. Al respecto, los antihistamínicos son la opción de elección para aliviar estornudos, picazón, secreción nasal, lagrimeo y urticaria. Carino detalló que, siempre que sea posible, se recomienda utilizar antihistamínicos de segunda generación, ya que producen menos somnolencia. Sin embargo, advirtió que cuando el médico indica fármacos de primera generación, estos pueden provocar sueño o disminución de los reflejos. Por este motivo, la profesional remarcó la importancia de extremar las precauciones al conducir vehículos o manejar maquinaria, evitar el consumo de alcohol y respetar la dosis indicada sin duplicarla si los síntomas persisten.
Otro de los puntos críticos abordados en el ámbito sanitario es el peligro del uso prolongado de los descongestivos nasales. Los especialistas advierten que estos fármacos deben utilizarse únicamente por períodos cortos, de no más de tres a cinco días, debido a que su abuso puede generar un efecto de congestión de rebote. Asimismo, requieren especial precaución en pacientes con hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares o glaucoma, dejando a los lavados nasales con solución fisiológica como la alternativa más segura tanto para adultos como para niños.
En cuanto al cuidado de la vista, Carino insistió en la necesidad de aplicar correctamente las gotas oftálmicas antialérgicas, higienizándose las manos previamente y evitando que el gotero toque el ojo o las pestañas. No obstante, aclaró que ante la presencia de dolor intenso, secreción purulenta, disminución de la visión o un traumatismo ocular, corresponde suspender la automedicación y consultar de inmediato al oftalmólogo.
Finalmente, desde el sector farmacéutico se insta a la comunidad a identificar el alérgeno responsable para reducir la exposición y a leer atentamente las etiquetas en caso de alergias alimentarias. La recomendación más tajante apunta a saber reconocer una emergencia médica. «Ante la aparición de dificultad para respirar, hinchazón de labios o lengua, ronquera o pérdida del conocimiento, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias, ya que estos síntomas pueden corresponder a una anafilaxia», concluyó Carino, reafirmando a la farmacia como un espacio indispensable de cuidado, información y acompañamiento para la salud de los pacientes.


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