El Gobierno nacional definió este jueves quién será el nuevo dueño de AySA, la empresa estatal que brinda agua potable y cloacas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Un consorcio de capitales locales y brasileños compró el 90% de las acciones con una oferta de USD 340,2 millones, un 20% más que la propuesta rival, encabezada por el Grupo Roggio (USD 285 millones).
Sin embargo, el monto quedó lejos de los USD 500 millones que pretendía obtener el Ministerio de Economía. Además, la operación ya enfrenta cuestionamientos, entre ellos un reclamo de la Auditoría General de la Nación (AGN). La venta alcanza solo al servicio del AMBA. En Rosario y buena parte de la provincia, el agua y las cloacas están a cargo de Aguas Santafesinas, una empresa provincial que no forma parte de esta operación.
Quién se queda con la empresa
El consorcio ganador está integrado por Rowing SA, Transclor SA, la brasileña Arcos Saneamento e Participações, del Grupo Equipav, que será el operador técnico, y PHX Aqua AR B.V., una firma radicada en los Países Bajos. La concesión es por 30 años, con opción a extenderse diez más. El Gobierno prevé firmar el contrato antes de fin de año, y los nuevos dueños tomarían el control del servicio entre enero y febrero de 2027.
Qué pasa con la factura
Es la principal preocupación de los usuarios. El pliego establece que las tarifas no quedarán congeladas, aunque tampoco se prevé un aumento brusco en lo inmediato. El contrato contempla dos mecanismos de ajuste gradual:
- Coeficiente “K”: se mueve según los costos del servicio.
- Factor “C”: depende del cumplimiento de metas de calidad.
La revisión tarifaria integral recién llegaría en el cuarto año de la concesión.
Como referencia, en agosto la factura promedio sin subsidios en el AMBA fue de $42.975, equivalente al 2,2% de un salario registrado promedio, según datos del IIEP. La tarifa social, que hoy alcanza a unos 160.000 usuarios, no tendría cambios.
Obras y metas de cobertura
El nuevo operador se comprometió a invertir al menos USD 2.000 millones en los primeros cinco años. A lo largo de toda la concesión, la inversión comprometida asciende a USD 15.040 millones.
El contrato fija metas concretas de expansión:
- Agua potable: 75,3% de cobertura en 2031, 78,9% en 2036 y más del 90% al final del contrato.
- Cloacas: 63,9% en 2031, 65,3% en 2036 y al menos 75% al cierre.
Las metas apuntan a problemas de fondo. Según el propio Gobierno, un tercio del área que atiende AySA todavía no tiene agua potable ni cloacas. Además, el agua no contabilizada, es decir, la que se pierde por roturas o conexiones irregulares, ronda el 42%.
Todas las obras que se construyan durante la concesión quedarán en manos del Estado cuando termine el contrato.
Una venta bajo la lupa
El Gobierno justifica la privatización con el argumento de que AySA fue “un modelo de disfunción administrativa”. Según el Ministerio de Economía, la empresa recibió más de USD 13.400 millones del Tesoro entre 2006 y 2023 sin resolver sus problemas de cobertura.
Del otro lado, las críticas apuntan al precio obtenido y a la falta de transparencia en la valuación. La AGN detectó que AySA usó unos $42.935 millones del Tesoro nacional para inversiones, cerca del 10% del valor de la oferta ganadora. Esos fondos no fueron reembolsados ni figuran en los balances de la compañía.
Los fondos provenían de un programa del Banco Mundial para la Cuenca Matanza-Riachuelo. Según la auditoría, al cierre del ejercicio el reembolso seguía pendiente y no aparecía en los estados contables. Esa omisión pone en duda los números con los que se calculó el precio de venta. Sectores de la oposición también cuestionaron que no hubo un precio base público y que la valuación se mantuvo en reserva, incluso para el Congreso.
Cómo sigue
El próximo paso es la firma del contrato, prevista para antes de fin de año. El traspaso del servicio se haría efectivo en enero o febrero de 2027.
Hasta entonces, la empresa seguirá bajo gestión estatal. El reclamo de la AGN y las objeciones opositoras por la transparencia del proceso son los principales frentes abiertos antes del cambio de manos.


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