Edgar Vivar, el actor que le dio vida al entrañable Señor Barriga en El Chavo del 8, atraviesa un problema de salud que lo obligará a pasar por el quirófano. A los 77 años, confirmó que será sometido a una rectificación de columna vertebral, por lo que deberá alejarse de la actividad durante un tiempo, ya que la recuperación será prolongada.
“Es en junio, en junio me voy a hacer. Voy a tener que quedarme de retiro involuntario, pero está bien. Dios permita que así sea. Mi voluntad es esa. Si no dispone otra cosa acá arriba. Y espero que me sigan viendo también ustedes”, expresó el actor en una entrevista.
Vivar también contó que no posee muchas propiedades, pero que de todos modos decidió redactar su testamento antes de la intervención, ante la posibilidad de que su salud empeore o de que surjan complicaciones durante la cirugía. “Todo se reduce a una sola palabra: edad. Tengo desviada la columna, entonces tienen que hacerme rectificación de columna, pero son seis meses de reposo”, explicó.
La otra profesión de Edgar Vivar
El actor se ganó el cariño del público con sus personajes de Noño y el Señor Barriga en El Chavo del 8. Sin embargo, antes de alcanzar ese éxito se dedicaba a una profesión muy distinta: era médico ginecólogo.
“En mi época universitaria los estudiantes debíamos tener una actividad estética y yo escogí el teatro. Siempre me gustó, desde pequeño. Aunque no parezca, las dos profesiones van de la mano. Porque la medicina busca aliviar el dolor físico, y el arte el dolor del espíritu”, explicó tiempo atrás en una entrevista.
En aquella oportunidad reconoció que, una vez que llegó a la televisión, ya no le quedó tiempo para ejercer la medicina. Aun así, contó que un amigo suyo lo llamaba cada vez que tenía una paciente a punto de dar a luz.
Con sinceridad, también reveló que fueron sus padres quienes insistieron para que se dedicara por completo a la medicina, mientras que sus hermanos confiaron en su talento actoral y lo alentaron a seguir ese camino. Ninguno imaginaba entonces que poco después se convertiría en el querido —y a veces odiado— dueño de la vecindad más famosa del mundo.


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