El concejal del partido socialista Federico Lifschitz, presentó un proyecto para auditar los espacios reservados en la vía pública, tanto los otorgados a personas con discapacidad como los que usan jueces, legisladores, sindicalistas, consulados y la Iglesia. En diálogo con el móvil de Radiofónica, cuestionó que existan «cuadras enteras» reservadas para funcionarios y denunció que muchos de esos permisos «no se controlan» y terminan siendo usados por personas distintas a las que los solicitaron.
El concejal rosarino Federico Lifschitz dialogó con el móvil de Radiofónica sobre la presentación en el Concejo de una propuesta para revisar todos los permisos especiales de estacionamiento vigentes en la ciudad. La iniciativa busca ordenar el uso del espacio público, evitar situaciones de uso indebido y detectar permanencias injustificadas de espacios reservados que, según el edil, en muchos casos ya no se corresponden con ninguna necesidad real.
Lifschitz distinguió dos situaciones distintas dentro de este universo de permisos. «Por un lado, permisos que han sido otorgados por parte de la Municipalidad a personas con discapacidad, que sí habría que revisar a ver si esa persona no falleció, no se mudó y aún sigue en ese espacio reservado, o si realmente la patología que denunció justifica ese tipo de permiso», explicó.
«Pero después, por otro lado, quizá lo más grave: en Rosario hay ‘semidioses’ que tienen privilegios por sobre otros que no pueden caminar 50 metros. Hablo de jueces, algunos políticos, legisladores locales y provinciales, sindicalistas, gremialistas, consulados diplomáticos, que reservan 20, 30, 40 metros o una cuadra entera».
Sobre ese segundo grupo fue el más duro: «Ahí sí te digo, no hay ningún tipo de patología que no le permita a un juez caminar 50, 100 metros, o estacionar su auto en un estacionamiento privado, como hace cualquier mortal de la ciudad de Rosario».
Y precisó cuál es, a su juicio, el eje del reclamo: «Lo que queremos revisar, sobre todo, es si hay que mantener realmente estos privilegios a un grupo muy selecto de la ciudad de Rosario que tiene este beneficio de estacionar en la puerta de su casa, en la puerta de su laburo. Es por una cuestión de comodidad, no por una complicación motriz o patológica que no le permita caminar 100 metros como hace cualquiera».
«Tuve que dar la vuelta tres veces»
Para ilustrar el problema, Lifschitz relató una experiencia personal del día anterior a la entrevista: «Tuve que ir a hacer un trámite a Tribunales, 7:15 de la mañana yo estaba ahí. Por Pellegrini no pude estacionar porque está la cuadra entera reservada para el Fuero Civil. Di la vuelta por Balcarce y no pude estacionar porque está toda la cuadra reservada para la Corte Suprema. Di la vuelta y quise estacionar por Montevideo, entre Oroño y Balcarce, y no llegué a estacionar que viene personal del consulado de Italia y me pide que me retire porque había 40 metros reservados para el consulado de Italia».
Sobre ese último episodio, cuestionó: «Yo quiero saber qué urgencia puede tener un cónsul que necesita reservada media cuadra desde las 7 de la mañana en adelante, donde seguramente tampoco siquiera se paga parquímetro».
Y remató, en contraste con la situación de cualquier vecino: «Tenés que dar mil vueltas, conseguir un lugarcito, pagar parquímetro, y después tenés, insisto, un grupo selecto de la ciudad de Rosario que tiene este beneficio: no solo no dar una sola vuelta y estacionar frente a su trabajo o a su casa, sino que ni siquiera paga parquímetro como cualquier otro vecino».
Durante la entrevista, oyentes del programa sumaron otros ejemplos de espacios reservados en distintos puntos de la ciudad: inmediaciones de la Iglesia sobre calle Córdoba y del Arzobispado, la cuadra de la Iglesia en Cerrito y Provincias Unidas, alrededores de la EPE de calle Mitre y varios casos en el barrio Abasto, entre otros.
«Se termina usando como una cuenta de Netflix compartida»
Lifschitz también apuntó contra la falta de control sobre quién utiliza efectivamente estos espacios reservados, más allá de a quién fueron otorgados originalmente: «El abuso es lo peor, porque no solo lo terminan utilizando las personas que están habilitadas, sino que termina funcionando como una cuenta de Netflix. ¿Sabés cómo funciona una cuenta de Netflix? Se suscribe uno y lo usa toda la familia». Y agregó: «No solo los permisos están dados en exceso —40 metros, 100 metros, una cuadra, una manzana, es una locura—, sino que después tampoco hay control sobre quién realmente utiliza eso».
La propuesta de Lifschitz apunta a poner en discusión si corresponde mantener este tipo de privilegios para un grupo reducido de la ciudad, en un contexto en el que el tránsito y la falta de estacionamiento son, según remarcó, uno de los principales problemas cotidianos de Rosario.


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