«Boicot al Mundial. CNTE». La consigna apareció pintada este martes en paredes y carteles a lo largo de la Calzada de Tlalpan, la arteria que conduce al legendario Estadio Azteca, donde mañana se abrirá el telón del torneo más costoso y ambicioso de la historia.
Las estaciones de metro renovadas con el lema oficial «Ciudad de México, capital de la transformación», los cruces peatonales teñidos de lila y los canteros floridos anticipan que esta ciudad será sede mundialista. Sin embargo, al recorrer sus calles y conversar con vecinos y aficionados, queda claro que México no organiza el certamen en solitario: será el anfitrión de la ceremonia inaugural, del debut del local y de un puñado de encuentros. En los alrededores de El Zócalo —donde se instalará el fan fest de la FIFA— y del Paseo de la Reforma, los vendedores ambulantes ya ofrecen la camiseta tricolor que llenará las más de 80.000 butacas del Azteca.
Los mexicanos celebran recibir su tercera Copa del Mundo e ilusionan con que su selección supere el historial discreto que carga en los torneos, pese a que el fútbol es un deporte de masas en el país. Las entradas para México-Sudáfrica se agotaron hace meses; en la reventa, los precios oscilan entre los 2.300 y los 9.000 dólares.
Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey albergarán 13 de los 104 partidos de este Mundial compartido con Estados Unidos y Canadá, donde la indiferencia parece predominar y donde episodios de deportaciones y roces con delegaciones extranjeras generaron una imagen inédita para una sede de la FIFA.
El principal foco de tensión en estas horas son las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un sindicato docente llegado desde el interior del país que amenaza con boicotear la ceremonia inaugural que el mundo entero seguirá cuando Shakira baile sobre el mismo césped que inmortalizó a Diego Maradona y a Pelé.
Llegar al estadio desde el Paseo de la Reforma ya demanda más de una hora en condiciones normales; el día del partido, será toda una odisea. Las autoridades establecerán un perímetro de seguridad de unos dos kilómetros alrededor del Coloso de Santa Úrsula para contener las manifestaciones, y se levantaron vallas para impedir el avance de los docentes hacia el recinto.
«Vamos a garantizar que la inauguración de la Copa Mundial se celebre bien, en paz y con tranquilidad», declaró la presidenta Claudia Sheinbaum para calmar los ánimos. Como medidas complementarias, suspendió las clases en la capital y habilitó el trabajo remoto en la administración pública para facilitar el acceso al estadio.
La Plaza de El Zócalo, sede del fan fest oficial, también fue escenario de protestas esta semana. Junto a los maestros marcharon familiares de desaparecidos víctimas del crimen organizado y la violencia institucional. En un país que registra más de 130.000 personas desaparecidas solo en los últimos veinte años, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, el Mundial representa una vidriera global difícil de desaprovechar. Para las horas previas a la inauguración están convocadas marchas en la zona de Tlalpan y en El Zócalo.
A los conflictos sociales se suma una singular batalla judicial. Manuel Negrete, autor de aquella chilena ante Bulgaria en México 86 que los aficionados recuerdan como una de las más espectaculares de la historia del torneo, preside hoy la Asociación Mexicana de Titulares de Palcos y Plateas. La entidad reclama ante los tribunales el derecho de sus asociados a usar sus instalaciones durante el Mundial: acceder a sus lugares, comercializarlos, utilizar el estacionamiento e ingresar alimentos y bebidas, algo que el reglamento de la FIFA prohíbe expresamente en cualquier competición que organiza.
Este martes, la FIFA obtuvo que un juez federal suspendiera los permisos que los propietarios habían logrado mediante medidas cautelares. Sin embargo, el conflicto no está resuelto y los titulares de palcos ya anticipan nuevas protestas para el día de la apertura.
El domingo, en el norteño estado de Coahuila, el PRI obtuvo una victoria clara en las elecciones locales, en una campaña dominada por el tema de la seguridad. El partido histórico que gobernó México durante casi siete décadas —incluidos los dos mundiales anteriores, en 1970 y 1986— dejó el poder hace un cuarto de siglo envuelto en escándalos de corrupción, y quedó como cuarta fuerza nacional en las elecciones de 2024 que llevaron a Sheinbaum al gobierno. Con este triunfo en uno de sus últimos reductos, el PRI busca proyectarse como alternativa opositora de cara a las elecciones intermedias del año próximo.
Como ocurre en muchos países, la política permea el debate mundialista. El costo de organizar la copa es motivo de controversia desde hace meses, al igual que la cantidad de obras que se terminaron a horas del inicio y otras que aún están en sus etapas finales. Los legisladores oficialistas de Morena defienden una inversión superior a los 1.000 millones de dólares en infraestructura para la capital, que incluye más de 2.000 proyectos concluidos o en curso: la renovación del aeropuerto, la modernización del tren metropolitano, la refacción de 20 estaciones de metro y la pavimentación de 250 kilómetros de vías, entre otras obras.
Aunque el Parque Elevado sobre la Calzada de Tlalpan fue inaugurado el domingo con trabajos aún pendientes, y algunas estaciones del subte sufrieron goteras tras las intensas lluvias de los últimos días, los especialistas estiman que el torneo dejará un legado en infraestructura y un impacto en los sectores de turismo y servicios. El efecto sobre el PBI, no obstante, será modesto: se proyecta un crecimiento de algo más del 1% este año. La derrama económica esperada supera los 3.000 millones de dólares, y los trece partidos que se disputarán en las tres sedes mexicanas generarán más de cien mil empleos temporales.
Pese a los conflictos y las obras sin terminar, el engranaje de la FIFA está en marcha. El jueves, Shakira subirá al escenario, la pelota empezará a rodar y los aficionados, por unas horas al menos, podrán olvidarse de sus preocupaciones cotidianas.


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