Tras años de distanciamiento y una de las fracturas más profundas en la historia reciente del justicialismo, el escenario político argentino registró un movimiento sísmico. El diputado nacional Miguel Ángel Pichetto, quien fuera la espada legislativa del kirchnerismo durante 17 años antes de convertirse en aliado estratégico de Mauricio Macri, mantuvo un encuentro privado con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su residencia de Constitución.
La confirmación del encuentro llegó este jueves durante un acto militante en el Abasto Hotel, bajo la consigna «Doctrina, Industria y Trabajo». Allí, la diputada nacional Marita Velázquez, referente del espacio «Principios y Valores», reveló ante el auditorio que la reunión se produjo en la residencia de la calle San José 1111. «Necesitamos la unidad nacional de todos nuestros dirigentes. En la base, los militantes peronistas quieren estos gestos», aseguró la legisladora, ante la mirada cómplice del propio Pichetto y del exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno.
El evento en el Abasto funcionó como una puesta en escena de la reconciliación. Uno de los discursos más simbólicos estuvo a cargo de Esteban “Gringo” Castro, ex titular de la UTEP. Castro, históricamente alineado con la visión social del Papa Francisco, fue blanco de las críticas de Pichetto durante años bajo el concepto de «pobrismo». Sin embargo, el clima de época parece haber sepultado las viejas rencillas. «Propongo tener misericordia con los compañeros que estuvimos distanciados. La misericordia es una acción política», lanzó el dirigente social.
Pichetto, lejos de confrontar, recogió el guante con pragmatismo. «Prefiero agregarle la palabra perdonarnos. El peronismo tiene que perdonarse, mirar el pasado y reflexionar», afirmó el jefe del bloque Encuentro Federal. En su intervención, el diputado fue tajante al comparar la situación actual con la gestión de Javier Milei: «Cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este gobierno que nos está mandando a la miseria».
Más allá de los gestos simbólicos, el acercamiento entre Pichetto, Moreno y el kirchnerismo tiene un eje programático: la crítica al modelo económico libertario. Pichetto advirtió sobre la pérdida de 200.000 puestos de trabajo en lo que va de la gestión de Milei y cuestionó duramente la apertura de importaciones de China, señalando que «destruyen nuestra industria».
La propuesta que intentan amalgamar se resume en una frase que Pichetto repitió como un mantra: «Capitalismo productivo». El objetivo es construir una base electoral poderosa, similar a la coalición que permitió el regreso de Lula da Silva al poder en Brasil, que incluya tanto al peronismo doctrinario como al centro nacional. «Por eso el planteo es con todos, sin exclusiones. Cuando empezamos a discriminar, nos equivocamos», planteó el legislador.
El auditorio, poblado por intendentes como Gustavo Menéndez (Merlo) y sindicalistas de diversos sectores, celebró el tono de unidad. Guillermo Moreno, quien también supo ser un crítico feroz del rumbo que tomó el kirchnerismo en los últimos años, destacó la actitud de Pichetto de ir a ver a una «dama, viuda y presa», en referencia a la situación judicial de la expresidenta.
Con fracturas aún latentes en los bloques de Senadores y Diputados, este giro estratégico de Pichetto y CFK marca el inicio de una nueva etapa de reorganización opositora. El cierre del acto, con un Pichetto desafiante, dejó clara la intención de la vieja guardia peronista de dar pelea en las elecciones del próximo año: «Viejo es el viento y todavía sopla».


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