El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, encabezó este domingo la misa central de la 52.ª Peregrinación Juvenil a Luján y pronunció un mensaje social a pocas semanas de la llegada del papa León XIV al país. “La Virgen de Luján fue presentada como un abrazo capaz de reunir a un pueblo atravesado por el dolor, la falta de trabajo, la enfermedad y la violencia verbal, durante una peregrinación que convocó a los fieles a volver a sus hogares con un compromiso de fraternidad”, dijo al comienzo.
En ese marco, Cuerva animó a abrazar a los que piensan distinto e hizo énfasis en que, pese a las diferencias, somos hermanos, hijos de un mismo padre. También pidió a la Virgen que enseñe a perdonar, respetar y dialogar y reclamó terminar con la práctica de descalificar al hermano, con la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y con el lugar que ocupa el odio en las relaciones sociales.
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“Nadie vino solo. En cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos”, expresó el arzobispo. La caminata fue descrita como un espacio sin “grietas ideológicas ni exclusiones”, donde el cansancio, las zapatillas gastadas y el deseo de llegar al santuario igualaron a todos.
Por otra parte, aseguró que “nuestra patria tiene muchos abrazos pendientes” antes de enumerar la necesidad de perdón frente a la descalificación y el insulto, solidaridad ante la indiferencia y encuentros profundos frente al extravío. En consecuencia, la propuesta fue que los peregrinos se conviertan en “artesanos de la fraternidad” al regresar a sus casas.
La peregrinación coincidió con la celebración de los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, recordado como “el santo de la concordia y la fraternidad”.


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