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Valentín Yankelevich contó el «infierno» de violencia y maltrato que vivió con su padre: «No tenía escapatoria»


En una entrevista con Tatiana Shapiro, el hijo de Romina Yan y Darío Giordano se sacó una mochila de encima al revelar que sufrió maltrato físico y daño psicológico durante años por parte de su progenitor. Aquel 28 de septiembre de 2010 cuando, con 7 años, recibió la noticia del fallecimiento de su madre, Giordano les dijo a él y sus hermanos: «Yo me voy a encargar de cuidarlos, de protegerlos. Vamos a salir de esta todo juntos». Pero fue todo muy diferente.

«La verdad que cuando uno creía que eso [la muerte de una mamá] era tocar fondo y la tristeza máxima que se podía experimentar llegaron situaciones que hoy mirando para atrás fueron mucho peores«, contempló Valentín. A los dos, tres años de la partida de Romina, su hermano y él empezaron a sufrir violencia física y psicológica por parte de su padre.

Sobre aquel tiempo, Yankelevich relató: «Realmente era un infierno vivir en esa casa. (…) Las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa. Yo sabía que volvía y se desataba el infierno. Era constante. Sabía que no tenía escapatoria«. Describió episodios de agarre de los pelos, de arrastres por las escaleras, de golpes, de encierros en la habitación, e incluso de dejarles la comida fría y apoyada en el piso. Todo de parte de la persona que supuestamente tenía que cuidarlos.

El pedido de ayuda y la escucha

Valentín habló, además, de que Giordano los denigraba constantemente por cualquier cosa. «El daño psicológico a veces hiere más adentro que un golpe. Y ahí fue cuando empezamos a hablar y al principio no nos escucharon. A las primeras personas que les contamos lo que estaba pasando fue a nuestros abuelos paternos en un trayecto de nuestra casa a su casa. (…) Su respuesta fue ‘su papá está pasando un mal momento también, sepan entender’. ¿Qué tengo que entender? Tengo 10 años y mi papá me caga a palos. Es ilógico».

Sobre este momento, Yankelevich menciona que «empezás a sentir que no hay salida, que estás condenado a vivir en esta situación y que en algún momento podrás escapar». Aun así, la negativa no impidió que volvieran a intentar, que siguieran buscando ayuda. Esta vez, recurrieron a su otro abuelo, Gustavo Yankelevich, quien los sacaba del colegio para almorzar por separado y así, individualmente, le fueron contando. «Se dio cuenta de que estaba pasando algo grave. Nosotros le empezamos a pedir que no queríamos vivir más en esa casa, que queríamos vivir con él y nos escuchó. Él fue la primera persona que nos escuchó«, recordó.

Este punto es uno de los motivos por los que Valentín sentía que era necesario contar su vivencia. «Si alguien puede escuchar esto, tanto adultos como niños, que los niños hablen porque alguien los va a escuchar. Como a mí me escuchó mi abuelo Gustavo, alguien los va a escuchar siempre. Y si la primera persona no te escucha, vas a otra. Y si esa no te escucha, así hasta que alguien te escuche. Y a los adultos que escuchen a los niños, porque los niños te dicen la verdad, te cuentan lo que les está pasando. Y si realmente les está pasando algo y lo están contando es porque tiene una gravedad importante».

Volver a vivir

Al respecto de su experiencia con Giordano, Yankelevich dijo: «No había lugar seguro. Por eso lo tuvimos que salir a buscar. Era un agujero negro» y reveló que hubo un momento en el que no tuvo ganas de vivir. «Tuve muchos pensamientos con la muerte. Hasta decía ‘voy con mi mamá, voy a estar mejor que acá’”, admitió.

Pero el involucramiento de su abuelo Gustavo le devolvió las ganas de vivir. «Me salvó la vida. (…) Nos dio lo único que necesitábamos como dos nenes que habían perdido a su madre, y en este caso a su padre porque si vos me preguntás a mí fue como perderlo… yo no tenía padre. Nos dio lo único que necesitábamos que era amor. Amor y contención. Nada más».

Valentín nunca recibió una disculpa sincera de Giordano. La situación que atravesaron fue denunciada, hicieron declaraciones y se judicializó. Con ello se dictaminó que Gustavo tuviera la tenencia de su hermano y él. Su hermana, en cambio, permaneció con su padre. «Siempre nos entendió, siempre supo por qué nos fuimos. Pero al principio cuando ella era muy chiquita sentía que la habíamos dejado sola digamos. Después nos terminó entendiendo y hoy tenemos una relación espectacular».

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