Una empresa emergente de inteligencia artificial prometió limpiar viviendas sin costo a cambio de grabar el proceso y usar esas imágenes para entrenar futuros robots domésticos. Se llama Shift, opera por ahora en Nueva York y su propuesta es tan tentadora como polémica.
El mecanismo es simple: un operario verificado llega a tu casa con una cámara especial incorporada en una gorra y filma todo el proceso de limpieza en primera persona. Aspiran, quitan el polvo, lavan los platos, ordenan las habitaciones. Cuando terminan, se van. Vos no pagás nada con plata, pero pagás con datos: el video se convierte en material de entrenamiento para robótica e inteligencia artificial.
Según el cofundador y CEO Bercan Kilic, antes de usar las grabaciones se anonimiza toda información personal: rostros, nombres, documentos y pantallas se difuminan. La empresa asegura que los trabajadores también tienen derecho a rechazar cualquier tarea con la que no se sientan cómodos.
Pero el negocio tiene una vuelta de tuerca incómoda: los propios limpiadores están generando los datos que podrían servir para automatizar su trabajo en el futuro. La automatización del mundo físico, en ese sentido, no empieza con robots entrando a las casas, sino con personas enseñándoles cómo hacerlo.
Shift no está sola en esto. DoorDash lanzó en marzo de 2026 su app Tasks, que paga a sus repartidores por grabarse haciendo tareas domésticas. El mercado de robots humanoides se proyecta en más de 4.000 millones de dólares solo en 2026, y los modelos que los controlan necesitan grandes volúmenes de datos físicos para aprender. Tu casa desordenada, en ese contexto, vale más de lo que creés.


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