Información General

Soledad elegida vs. soledad padecida: los expertos explican la diferencia y cómo aprender a disfrutar del tiempo a solas


Para muchas personas, hacer un plan sin compañía no es una opción. Ir solas a un recital, a un bar o de viaje les genera malestar real: el entorno tiende a leer esa escena como una carencia y no como una elección. Sin embargo, según los expertos, aprender a estar solo puede fortalecer el autoconocimiento y la autonomía, sin que eso implique ser antisocial.

Según una encuesta global de Gallup de 2023, más de 1 de cada 5 personas (23%) informó sentirse muy sola en el mundo. Un estudio publicado en Social Science & Medicine concluyó que el sentimiento de «no ser necesario» era el tema más recurrente en esta problemática.

El peso social de ser visto solo

La doctora Patricia O’Donnell, médica psiquiatra, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó que «cuando la soledad es un peso, acompañada por una baja autoestima, puede ser difícil hacer alguna actividad sin compañía».

La psicoanalista Agustina Fernández, también miembro de la APA, lo escucha con frecuencia en el consultorio: «Sienten que si son vistas solas en una situación donde se espera que estén acompañadas, creen que los demás estiman que son personas que no tienen con quién ir, que dan pena». La experta relacionó este fenómeno con las redes sociales: publicar fotos con otros, en lugares bellos o con comida rica, responde a «una necesidad de ser valorado socialmente» que ella denomina valor «narcisístico» del yo.

Dos soledades, dos palabras

El inglés distingue entre solitude (soledad deseada) y loneliness (soledad no deseada), una diferencia que los especialistas consideran clave. La doctora O’Donnell advirtió que la segunda «está ligada al desamparo, suele acompañarse de tristeza, sufrimiento y puede derivar en depresión, deterioro de la salud e incluso mayor riesgo de demencia».

En el otro extremo, la soledad elegida puede ser profundamente enriquecedora. O’Donnell citó al cineasta ruso Andrej Tarkovski: «Quisiera decirles que intenten encontrarse más a sí mismos en su soledad, que amen estar consigo mismos, que no se pierdan en ruidos agresivos».

El filósofo Blaise Pascal ya advertía que «toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en una habitación», señalando que la búsqueda constante de actividad puede ser una forma de evitar la propia vulnerabilidad.

Cuándo consultar

La doctora O’Donnell señaló que «la búsqueda compulsiva de actividades como forma de llenar vacíos puede ser un signo de padecimiento que demandaría una consulta psicoterapéutica». Fernández, por su parte, describió casos más severos: «El temor a quedarse solo puede ser una fobia cuando produce angustia insoportable. También hay patologías de dependencia donde el otro funciona como un objeto adictivo del que no puedo prescindir».

La especialista fue directa sobre el costo de esa dependencia: «A veces las personas aceptan cualquier precio con tal de no estar solas: la denigración propia, el maltrato, el sufrimiento. ¿Cuántos pacientes llegan al consultorio con vínculos totalmente nocivos y con distintas enfermedades, incluso psicosomáticas?»

Cómo construir una soledad saludable

Según Fernández, lo ideal es «compatibilizar la soledad con la sociabilidad»: valorar los momentos a solas y también los vínculos sanos que nutren y fortalecen.

El doctor Amir Levine, psiquiatra y neurólogo, propone en Psychology Today cinco estrategias concretas: replantear el tiempo a solas como una oportunidad de crecimiento; planificar momentos de soledad de 15 o 30 minutos; desarrollar la autorreflexión mediante escritura o meditación; revisar los vínculos tóxicos; limitar el tiempo en redes y dispositivos; y pasar tiempo en la naturaleza.

O’Donnell también recomendó buscar grupos de pertenencia con afinidades compartidas y recordó que «la amistad, la música, el arte y la poesía son actividades que contribuyen a la calidad de vida y pueden resultar antídotos para la soledad».

QUINI