La muerte del Indio Solari, ocurrida esta mañana en su casa de Parque Leloir, puso al Gobierno frente a un desafío logístico de proporciones inusuales: cómo organizar un velorio público a la altura de uno de los artistas más convocantes de la historia del rock nacional.
La familia del músico ya expresó su voluntad de ofrecerle una despedida abierta a sus seguidores. «Les informaremos dónde se realizará la despedida pública, para que todos los que lo amaron puedan despedirse también», publicaron en las cuentas oficiales del artista. Eso exige un espacio amplio, accesible y con capacidad de gestionar una multitud.
Desde el Gobierno confirmaron que se pusieron a disposición de la familia, aunque aclararon que aún no recibieron ningún pedido formal. La familia, por ahora, prioriza el duelo privado y espera que concluyan las pericias sobre el cuerpo. «Ellos saben que estamos disponibles y conocen nuestras restricciones de seguridad», señaló una fuente oficial, dejando en claro que tanto la Casa Rosada como el Congreso quedan descartados como sedes.
Las redes sociales se convirtieron rápidamente en el epicentro de la convocatoria. En todo el país comenzaron a organizarse concentraciones espontáneas —las llamadas «misas ricoteras»— para homenajear al líder de Los Redondos. La más masiva se prevé en Buenos Aires, donde miles de fanáticos empezaron a reunirse en Plaza de Mayo.
En la Casa Rosada se reforzó la custodia sobre la calle Balcarce, y la Casa Militar coordinó de inmediato con el Ministerio de Seguridad. La ministra Alejandra Monteoliva dispuso el despliegue de efectivos de Gendarmería en el perímetro del edificio con dos horas de anticipación. Las autoridades no esperan desmanes, pero prefieren no improvisar.
«No me podés preguntar eso», fue la respuesta de una fuente de Presidencia cuando se le consultó si el edificio podía ser sede del velatorio. En las primeras horas tras conocerse la noticia, los funcionarios no parecían dimensionar el peso del momento. Esa actitud fue cambiando a medida que se hizo evidente la magnitud del dolor colectivo y la necesidad de los fanáticos de tener un lugar para despedirlo.
Los motivos del rechazo son dos. El primero es el recuerdo de los graves incidentes que se produjeron al cierre del velatorio de Diego Maradona. El segundo es la falta de afinidad política y cultural con el artista y su público.
Sin embargo, algunos funcionarios con mayor antigüedad en el edificio cuestionan que el caso Maradona sea un argumento válido. «Aquello se descontroló porque cortaron el acceso sin avisar que era momentáneo —el ingreso de Cristina Kirchner generó la pausa— y la gente creyó que se cancelaba. Con organización y un fin de semana para que circule la gente, se puede hacer bien», sostienen. Eso sí, agregan una condición clave: «Tendría que ser sin uniformados. El público ricotero es antigorra. En un momento de tanta pasión y tristeza, cualquier chispa puede encenderse y la situación se vuelve incontrolable.»
El propio Martín Menem, a través de sus redes sociales, descartó que el Palacio Legislativo pudiera ser sede del velatorio. «Se efectuaron las consultas correspondientes con el Ministerio de Seguridad y las áreas técnicas competentes. Como resultado, se concluyó que el Congreso no reúne las condiciones de infraestructura, logística y seguridad necesarias para un evento de esta magnitud», informó.
La decisión frustró los pedidos que habían llegado en las últimas horas desde la oposición, tanto de Unión por la Patria como del diputado radical Pablo Jiuliano, del bloque Provincias Unidas.
Una de las alternativas que circuló en el entorno oficial es Tecnópolis, el extenso predio ubicado en Villa Martelli con buenas vías de acceso y capacidad para recibir una concurrencia masiva. La paradoja no pasa inadvertida: el mismo espacio atraviesa un avanzado proceso de privatización. Su administración depende de la Secretaría de Cultura, a cargo de Leonardo Cifelli, aunque desde esa área desmintieron tener participación en las versiones. «No hubo pedido ni movimiento formal», aclararon.
Fuera del ámbito nacional, la Provincia de Buenos Aires también se ofreció públicamente. El gobernador Axel Kicillof comunicó que está a disposición de la familia para lo que necesite. Con menor fuerza, también circuló el rumor de un eventual ofrecimiento de la cancha de Boca Juniors como posible sede.
La decisión final, en cualquier caso, quedará en manos de la familia.


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