La propuesta del Ejecutivo nacional para desregular el mercado editorial encendió las alarmas en toda la cadena del libro. A través del proyecto de ley ómnibus, el Gobierno busca derogar la Ley 25.542, una normativa clave sancionada a fines de 2001 que establece que un libro debe costar exactamente lo mismo en un comercio barrial que en una gran superficie o plataforma digital.
En diálogo con Escenario Mercenario, José “Perico” Pérez, referente del rubro y titular de la tradicional librería Homo Sapiens, fue contundente respecto al escenario que podría abrirse de concretarse la medida: “Hoy uno de los mayores peligros es Amazon. Si viene Amazon empieza a hacer estragos como pasó en Brasil y en México”, advirtió.
Para comprender la relevancia de la norma actual, Pérez recordó que la regulación argentina no surgió por casualidad, sino como una respuesta defensiva ante la competencia desleal de grandes actores comerciales a comienzos de los años 2000.
“Esta ley surgió en noviembre de 2001, porque había llegado a Argentina la cadena de supermercados Carrefour y empezó a hacer descuentos de los libros que más se vendían”, relató el librero.
Según explicó, las cadenas remataban los títulos de mayor demanda con rebajas de entre el 40% y el 50%, una estrategia comercial que resulta imposible de sostener para los comercios minoristas: “Las librerías no podían hacer eso porque no tienen el margen para poder hacerlo, y eso generaba un perjuicio muy grande para las pequeñas y medianas librerías, e incluso para las cadenas del libro”.
La Ley 25.542 tomó como espejo la célebre Ley Lang francesa de 1981, un marco regulatorio de precio único diseñado para garantizar la diversidad cultural e impedir que los gigantes del retail asfixien a los sellos independientes.
Pérez remarcó que dentro del sector prefieren denominarla como la «ley de defensa de la actividad librera», ya que su espíritu no es rígido —permite rebajas en ferias, escuelas y bibliotecas—, sino que busca evitar prácticas abusivas. “En Francia se protegió a las pequeñas y medianas librerías y editoriales para que no las destruyeran (…) En Inglaterra no lo hicieron y desaparecieron la mayoría de las librerías”, concluyó el referente del sector.


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