Este martes se vivió una jornada poco habitual en la peatonal San Martín de Rosario, donde personal de la Dirección Nacional de Migraciones —trasladado especialmente desde Buenos Aires— trabajó junto a la Policía Federal Argentina en un control poblacional que tomó por sorpresa a quienes circulaban por la zona, puntualmente en la esquina con calle San Luis.
La dinámica consistió en detener al azar a peatones y vendedores callejeros para pedirles documentación y chequear su situación migratoria. Según fuentes consultadas en el lugar, este tipo de procedimiento ya se aplica de forma habitual en zonas porteñas como Once, Liniers y Flores, y apunta a identificar a extranjeros que hayan entrado al país de manera irregular para definir si continúan residiendo aquí o si son deportados. La única excepción contemplada es la de personas amparadas por ACNUR por haber escapado de contextos de guerra.
A diferencia de los operativos más frecuentes en comercios, esta vez los agentes abordaron directamente a los transeúntes en plena vía pública, solicitándoles número de documento, edad y nacionalidad. La presencia de vehículos oficiales y de fuerzas federales no pasó desapercibida y generó reacciones encontradas entre los vecinos: hubo quienes respaldaron la medida como una forma de control necesario, y otros que criticaron la manera de interceptar gente en la calle.
Entre los controlados hubo personas de distintas nacionalidades, como mujeres peruanas con muchos años viviendo en Rosario y una familia china de tres integrantes. Con esta última, la barrera del idioma obligó a los agentes a comunicarse mediante una videollamada con un pariente, quien confirmó que la familia lleva entre 15 y 20 años radicada en el país, lo que permitió avanzar con la verificación de sus datos.
Finalmente, todas las personas interceptadas fueron llevadas a una oficina móvil de Migraciones instalada en la zona, donde se cruzó la información y se revisaron sus antecedentes para definir su situación legal.


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