La angustia de 445 días de incomunicación absoluta terminó este jueves para la familia de Nahuel Gallo, el gendarme argentino detenido por el régimen chavista. El contacto se produjo de manera fortuita mientras su pareja, María Alexandra Gómez, brindaba una entrevista a Radio Del Plata. Al aire, se escuchó el grito desesperado y aliviado de la mujer: “¡Ay, mi amor, Gordo, Gordo!”.
Minutos después, a través de sus redes sociales, Gómez confirmó la noticia: “Después de 445 días me volvió el alma al cuerpo. Nahuel me llamó para decirme que seguía fuerte, que nos necesitaba fuertes”. Durante la charla, el gendarme consultó por su hijo, su madre y el estado de su familia, mostrándose esperanzado pese a las condiciones de su detención.
Según informó Elisa Trotta Gamus, exrepresentante diplomática de la Asamblea Nacional de Venezuela en Argentina, la posibilidad de realizar esta llamada no fue una concesión gratuita del régimen. Gallo, junto a otros presos políticos —incluyendo al argentino Germán Giuliani—, mantuvo una huelga de hambre de cinco días para exigir atención consular, médica y la visita de la Cruz Roja Internacional.
«Nos alegramos por María Alexandra, pero seguimos exigiendo la inmediata liberación de Nahuel, la de Germán Giuliani y la de cada preso político del régimen chavista», afirmó Trotta Gamus.
El caso de Gallo se enmarca en un contexto de extrema opacidad. Hasta ahora, el único canal de información para las familias era el contacto informal con parientes de otros detenidos. «Si ven al argentino, díganle que su país está luchando por él», era el mensaje que Gómez enviaba a través de terceros que lograban ingresar al penal los fines de semana.
Mientras se producía esta llamada, el régimen venezolano liberó a 30 presos políticos del penal Rodeo I, amparados en la recientemente aprobada Ley de Amnistía. Aunque la vicepresidenta Delcy Rodríguez presentó la medida como un paso hacia la «justicia y libertad», los familiares de los aún detenidos denuncian demoras, irregularidades y criterios arbitrarios en la aplicación de la norma.
Para María Alexandra Gómez, el objetivo final sigue siendo claro: “El pedido hoy tiene que ser más fuerte: libertad inmediata y que regrese pronto a casa”.


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