El exsenador nacional Esteban Bullrich anunció su renuncia al PRO mediante una carta enviada al expresidente Mauricio Macri, que también publicó en sus redes sociales. La decisión se conoció después de que el bloque amarillo en la Cámara de Diputados no acompañara la sesión impulsada por sectores de la oposición para avanzar con la interpelación y una eventual moción de censura contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Bullrich, uno de los dirigentes históricos del macrismo, formalizó así su salida del partido que integró durante más de dos décadas. En la carta dirigida a Macri, cuestionó el rumbo político del PRO y marcó distancia con la posición que adoptó la fuerza frente al caso Adorni.
El contexto: el PRO y el blindaje a Adorni
La decisión se produjo tras una jornada incómoda para el partido fundado por Macri. En Diputados, la oposición intentó abrir una sesión especial para tratar proyectos vinculados al jefe de Gabinete, investigado por inconsistencias patrimoniales y cuestionado por sus explicaciones públicas ante el Congreso. No hubo quórum y el PRO quedó pegado al blindaje brindado al funcionario más cuestionado de la administración de Javier Milei.
Quién es Bullrich y por qué su salida tiene peso simbólico
La renuncia de Bullrich, quien padece Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) desde 2021, no tiene solo valor formal. Fue ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Macri, luego ministro de Educación de la Nación entre 2015 y 2017, y más tarde senador nacional por la provincia de Buenos Aires. En 2017 encabezó la lista de Cambiemos y derrotó a Cristina Fernández de Kirchner. Cuatro años después renunció a su banca tras ser diagnosticado con ELA.
Desde entonces mantuvo un perfil público asociado al diálogo, el consenso y la honestidad pública, reforzado por la conmoción que generó su despedida del Senado y su trabajo de concientización sobre la enfermedad.
Una advertencia desde adentro
La salida de Bullrich vuelve a exponer las tensiones internas del PRO frente al gobierno de Milei. El partido viene oscilando entre el respaldo legislativo a la agenda libertaria, la crítica a algunos funcionarios y el intento de preservar una identidad propia. El caso Adorni profundizó esa incomodidad. Sectores del PRO habían reclamado explicaciones públicamente, pero cuando la oposición buscó avanzar con una herramienta institucional concreta, el bloque no acompañó el quórum. Ese contraste fue leído por Bullrich como una señal de ruptura.
Su renuncia apunta directamente al lugar que el PRO eligió ocupar frente a una denuncia que golpea al corazón del discurso de transparencia y republicanismo que el propio partido sostuvo durante años. No proviene de un dirigente marginal, sino de alguien que fue parte central del proyecto macrista desde sus primeros años en la Ciudad y luego en la Nación.
Para La Libertad Avanza, la jugada parlamentaria le permitió evitar una derrota en el recinto y postergar el tratamiento del tema. El oficialismo busca que la discusión continúe en comisión, sin fecha inmediata para dictaminar ni garantías de que la interpelación llegue pronto al recinto.
La carta de Bullrich a Macri impacta en un momento delicado: el expresidente intenta ordenar al partido frente a la expansión libertaria, mientras distintos sectores discuten si conviene profundizar la alianza con Milei, recuperar autonomía o reconstruir una propuesta propia para 2027.


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