Economía

La estrategia económica: estabilizar precios y fortalecer el Banco Central


Tras el dato de inflación de marzo, que marcó un 3,4%, el panorama económico sumará en los próximos días otro indicador negativo cuando el INDEC difunda la evolución de la actividad de febrero, un mes que mostró caídas generalizadas. Sin embargo, en el oficialismo aseguran que se trata de cifras que miran hacia atrás y destacan señales más alentadoras de cara a los próximos meses.

El equipo económico liderado por Luis Caputo avanza con una hoja de ruta clara: bajar la inflación y recomponer el nivel de reservas del Banco Central.

Uno de los ejes centrales pasa por reforzar el frente financiero. En ese sentido, el respaldo de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial aparece como clave para acceder a financiamiento más barato. La posibilidad de obtener crédito en dólares a tasas más bajas permitiría despejar vencimientos de deuda y reducir la presión sobre las reservas.

El objetivo es claro: evitar que los dólares comprados por el Banco Central se utilicen para pagar compromisos externos. De esta manera, el Gobierno busca consolidar un colchón de divisas más sólido. El acuerdo con el FMI establece una meta de acumulación de USD 8.000 millones en el año, un camino que, según estimaciones privadas, podría incluso superarse.

En paralelo, el Tesoro recurre al mercado local para cubrir vencimientos en moneda extranjera, lo que también contribuye a preservar reservas. Esta estrategia se complementa con una mejora en las condiciones financieras, el riesgo país mostró una baja significativa en los últimos días, impulsado tanto por factores externos como por anuncios económicos internos.

En cuanto a la inflación, en el oficialismo consideran que marzo podría haber marcado un punto máximo en la dinámica reciente. Para abril, las proyecciones indican una desaceleración hacia niveles cercanos al 2,5%, favorecida por una menor presión en rubros clave como alimentos, educación y combustibles.

La baja de la inflación no solo es un objetivo macroeconómico, sino también una condición necesaria para recomponer el poder adquisitivo. Actualmente, los salarios vienen perdiendo frente a los precios desde hace varios meses, lo que impacta en el consumo y en la percepción general de la economía.

Esa “sensación térmica” negativa se refleja en distintos relevamientos de opinión, donde crece el pesimismo sobre la situación actual. Aun así, en el Gobierno confían en que una mejora sostenida en los indicadores permita revertir esas expectativas.

Otro factor que podría jugar a favor es el ingreso de divisas del sector agroexportador en los próximos meses, lo que facilitaría la compra de dólares por parte del Banco Central. Este flujo, junto con la estabilidad cambiaria, ayudaría a consolidar el esquema económico.

De cara al resto del año, el nivel de actividad sigue siendo una incógnita. Si bien organismos internacionales prevén crecimiento para la Argentina, las estimaciones fueron ajustadas a la baja. El desafío, coinciden analistas, será lograr que la recuperación alcance a sectores más rezagados y no quede concentrada en áreas puntuales.

En ese contexto, el Gobierno apuesta a normalizar el funcionamiento del sistema financiero, con medidas que buscan estabilizar tasas e incentivar el crédito. La meta de fondo es reactivar la economía sin poner en riesgo el proceso de desinflación ni la acumulación de reservas, los dos pilares sobre los que se apoya la estrategia oficial.

QUINI