Efemérides

Kempes cumple años en pleno Mundial: la historia del «Matador» que marcó una época


Mario Kempes es más que un futbolista que ganó campeonatos, levantó copas y acumuló estadísticas. El cordobés logró algo más difícil todavía: convertirse en una referencia permanente, un punto de comparación que atraviesa generaciones. El inolvidable goleador nació el 15 de julio de 1954. Su cumpleaños vuelve a ponerlo en primer plano, ya que es uno de los nombres imprescindibles de la historia de la Selección Argentina: el hombre que hizo del Mundial de 1978 el escenario de su consagración definitiva y que, casi medio siglo después, sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva del fútbol nacional. Además, este año su cumpleaños coincide con el desarrollo de una nueva Copa del Mundo.

Nació en Bell Ville, una ciudad cordobesa de poco más de 40 mil habitantes. Allí comenzó una historia que nunca respondió al camino convencional: se formó en Talleres de Bell Ville mientras trabajaba en una carpintería, y fue justamente el dueño del negocio quien le consiguió una prueba en Instituto.

Esa anécdota ya forma parte del folclore futbolero, pero vale la pena recordarla. Con apenas 17 años, llegó a la sede del club de Alta Córdoba rodeado de jóvenes que buscaban una oportunidad. Cuando le preguntaron su nombre, respondió por pudor que era «Carlos Aguilera, de Bell Ville».

El entrenador le preguntó si conocía a un tal Kempes, un muchacho de esa misma ciudad al que estaban esperando por ser «un fenómeno». Dicen que el propio Mario contestó: «No, no lo conozco». Quince minutos después ya había convencido a todos con su juego. Recién entonces confesó quién era realmente: nunca quiso que una recomendación hablara por él, prefería que lo hicieran sus piernas.

Y vaya que lo hizo. Disputó 606 partidos oficiales, convirtió 337 goles y levantó títulos en Argentina y Europa, dejando huella en Instituto, Rosario Central, Valencia, River, Hércules, First Viena, SKN St. Pölten, Kremser, Arturo Fernández Vial y Pelita Jaya.

Pero fue con la Selección Argentina donde quedó grabado en la historia grande. Su relación con la albiceleste comenzó con una carta de presentación inmejorable: en el Torneo Internacional de Cannes marcó cuatro goles en sus primeros tres partidos. Luego participó del Mundial de Alemania 1974, aunque su verdadera dimensión aparecería cuatro años después, cuando Argentina fue sede del Mundial.

En el Mundial de 1978, tras una primera fase sin convertir, explotó en la ronda final con goles decisivos ante Polonia y Perú, y escribió su página inmortal en la final ante Holanda: marcó dos tantos en el triunfo por 3 a 1 y terminó como goleador del torneo con seis conquistas.

Aquella actuación lo transformó definitivamente en el «Matador», apodo que ya no describía solamente a un goleador, sino a un futbolista capaz de decidir la historia.

Con la Selección disputó 43 partidos y convirtió 20 goles. Sin embargo, reducir su legado a los números sería injusto: Kempes representó una forma de competir, entrega permanente y una personalidad que nunca necesitó estridencias para hacerse respetar. No es casualidad que el estadio más importante de la provincia de Córdoba lleve su nombre.

En la actualidad trabaja como comentarista para ESPN, desde donde sigue analizando el fútbol con la misma pasión con la que alguna vez lo jugó.

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