Judiciales

Imputaron en Rosario a una pareja acusada de 23 estafas con pasajes y paquetes turísticos


Una pareja fue imputada este martes en el Centro de Justicia Penal de Rosario, acusada de haber estafado a al menos 23 personas con la venta de pasajes aéreos y paquetes turísticos que ofrecían por WhatsApp y que nunca se emitían. El juez Alejandro Negroni dispuso para ambos la prisión preventiva efectiva por tres meses, un plazo que la Fiscalía podrá pedir que se extienda una vez vencido.

Los acusados fueron identificados como Natali D., de 35 años, y Federico L., de 32. A la mujer se le atribuyen al menos 23 hechos de estafa, mientras que al hombre se lo acusa de haber participado en al menos ocho. Además, el magistrado ordenó el embargo y la inmovilización de los fondos que ambos tengan en cuentas bancarias, billeteras virtuales y proveedores de servicios de activos virtuales (PSAV), es decir, plataformas para operar con criptomonedas.

La acusación estuvo a cargo de los fiscales Aurelio Cicerchia y Matías Ocariz, de la Unidad Especializada en Cibercrimen. Según su planteo, la pareja cometió distintas estafas, principalmente con la supuesta venta de pasajes y paquetes turísticos, aunque también con otras maniobras vinculadas al comercio electrónico.

Cómo operaban

De acuerdo con la reconstrucción de los fiscales, Natali D. no tenía local ni agencia de viajes registrada. Se contactaba con las víctimas por WhatsApp y se presentaba como intermediaria, inversionista o representante de una empresa de venta de pasajes con acceso a tarifas preferenciales.

Para ganarse la confianza de sus clientes, en algunos casos entregaba un primer pasaje real, con la intención de que la recomendaran. Apoyada en esa imagen de seriedad, después concretaba operaciones de mayor monto que nunca cumplía. Incluso llegó a usar a sus propias víctimas como canal de venta: a algunas les ofreció revender los pasajes a cambio de una comisión.

Una vez que recibía el dinero, postergaba la entrega de manera indefinida con distintas excusas: fallas en el sistema, problemas con un superior, amenazas de terceros, bloqueos bancarios o inconvenientes personales. En general no devolvía el dinero, salvo algunos reintegros parciales y mínimos.

El rol de cada uno

La mujer era quien hablaba con las víctimas y les indicaba cómo debían hacer los pagos. Su esposo, Federico L., tuvo según la Fiscalía un rol esencial: aportaba sus cuentas bancarias, entre ellas una radicada en Italia donde recibía pagos directamente de las víctimas, y además se encargaba de administrar el dinero y de hacer algunas de las devoluciones parciales.

En total, entre marzo de 2025 y octubre de 2026 se registraron 23 hechos de estafa, con montos en dólares y en pesos.

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