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FARO 2026: eficiencia, trazabilidad y confianza, las claves del agro para competir en el mundo


Rosario fue sede de una nueva edición de FARO, el Foro Agroindustrial Argentino de Rosario, organizado por AgroActiva y Salones Puerto Norte. El encuentro convocó a unos 380 asistentes en una jornada de análisis, debate y reflexión sobre los desafíos del agro argentino en un contexto internacional cada vez más fragmentado. Bajo el concepto de «G-Zero», la jornada giró en torno a una pregunta central: ¿Cómo producir, invertir y exportar cuando ninguna potencia tiene hoy la capacidad o la voluntad de ordenar el sistema internacional?

La tercera edición, denominada FARO, Edición AFA, contó con Agricultores Federados Argentinos como sponsor del naming y reunió a cinco especialistas de distintas disciplinas. Los temas abarcaron el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la geopolítica mundial, la estrategia empresarial, la tecnología, la inteligencia artificial y las perspectivas de la economía argentina.

El término G-Zero fue acuñado por Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, para describir una etapa en la que ninguna gran potencia (Estados Unidos, China o Europa) logra ejercer un liderazgo capaz de ordenar el sistema internacional. La propuesta de FARO fue llevar ese debate global al terreno productivo.

Mercosur-UE: una oportunidad con nuevas exigencias

El primer eje estuvo a cargo de Maximiliano Díaz, magíster en Políticas Públicas y socio de Endógena Consultora, quien analizó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y su impacto en cadenas estratégicas como soja, maíz, bovinos, arroz y miel. Díaz lo definió como una oportunidad para la Argentina, aunque advirtió que se trata de un instrumento complejo y cambiante. Puso el foco en el acceso a un mercado europeo exigente y de alto valor.

«Es una oportunidad de acceder a un mercado premium, un mercado que paga mejores precios, pero que también es un desafío de dar un salto productivo donde tracemos más lo que hacemos, donde tengamos un impacto ambiental menor, donde podamos tener también mejores márgenes en el productor primario, que toda la cadena gane», explicó.

Entre los puntos salientes, destacó que la Argentina se comprometió a reducir al 14% los derechos de exportación para la soja con destino a la Unión Europea, lo que a su juicio implica un plus de rentabilidad significativo para una de las principales cadenas exportadoras del país.

No obstante, aclaró que el desafío va más allá de la apertura comercial: ingresar a un mercado premium exige cumplir con mayores estándares de calidad, trazabilidad y certificación. Si bien señaló que la presión ambiental y sanitaria europea es menor que en acuerdos anteriores, consideró clave que la Argentina participe activamente en los comités técnicos para defender los intereses del sector. Así, la oportunidad exportadora queda ligada a un proceso de transformación productiva.

Un mundo sin árbitro

El segundo turno fue para Andrés Malamud, politólogo de la Universidad de Lisboa y especialista en política comparada y relaciones internacionales, quien profundizó en el concepto que dio identidad a esta edición: el mundo G-Zero. Su diagnóstico partió de una premisa: el escenario internacional atraviesa una etapa de creciente conflictividad, en la que los mecanismos tradicionales de arbitraje pierden capacidad para resolver disputas entre países.

«Los problemas se tienen que resolver por la fuerza de uno o por el acuerdo de dos, no por la decisión independiente neutra de un tercero. No hay referí, no hay juez y por lo tanto es la fuerza o la diplomacia«, sostuvo. En ese marco, ubicó a la diplomacia como alternativa ante la falta de instituciones capaces de hacer cumplir reglas comunes: «La diplomacia es un sustituto cuando no tenés un juez. Si hay tribunales arbitrales funcionando en la Organización Mundial de Comercio, no tenés que negociar nada. Hay una regla y hay una persona que la hace cumplir. Eso es lo que falta hoy».

Malamud cuestionó además el comportamiento de las grandes potencias y advirtió sobre el riesgo de que la violencia desplace a la negociación como forma de resolver conflictos, un contexto en el que la incertidumbre internacional impacta directamente en las decisiones económicas y comerciales.

Sobre la Argentina, destacó el equilibrio fiscal como una de las principales fortalezas de la política económica, aunque señaló como limitación la reputación histórica del país. También ofreció una lectura particular sobre la distancia geográfica: «Lo que siempre nos perjudicó hoy nos beneficia, que es la distancia. La distancia era cara y hoy la distancia es segura«.

Competir con eficiencia

La perspectiva empresarial llegó de la mano de Roberto Vassolo, profesor de Estrategia del IAE Business School, quien analizó cómo las reformas estructurales de los últimos dos años cambiaron las condiciones de competitividad de las empresas argentinas. Su punto de partida fue una condición básica para competir en mercados internacionales: la eficiencia.

«Por más que el mundo parezca que tiene tantas revoluciones, hay algunas reglas para competir en un mundo abierto que no se pueden escapar, empezando porque es un mundo que te va a demandar muchísima eficiencia, te va a demandar muchísimo foco en la productividad», afirmó.

Para Vassolo, aun en un escenario de barreras arancelarias y cambios constantes, hay una regla que se mantiene: para sobrevivir hay que ser eficiente.

En el caso argentino, planteó que las empresas de menor escala relativa deben encontrar formas de apropiarse de más valor y diferenciarse, ya sea construyendo marca, generando cercanía con el cliente o invirtiendo en investigación y desarrollo.

Desde esta mirada, la competitividad deja de depender solo del precio: diferenciarse, conocer al cliente y sostener procesos eficientes puede ser decisivo en mercados abiertos.

Tecnología, confianza e inteligencia artificial

La tecnología fue otro de los ejes centrales. Juan Pablo Cosentino, especialista en tecnología e innovación, propuso repensar a fondo la manera en que las organizaciones y el sector productivo encaran la digitalización. «Propusimos una mirada más que de escudo, de fragua; de que la tecnología pueda servir tanto defensivamente como proactivamente a desarrollar herramientas y capacidades para generar valor», explicó.

Según Cosentino, esa transición exige pasar de una mirada intraorganizacional a un enfoque ecosistémico: dejar atrás la idea de una «cadena lineal donde tengo eslabones con distintos grados de adopción tecnológica y de madurez» para construir un esquema donde «el eslabón débil está apoyado en eslabones más fuertes que pueden ayudar a sostenerlo ante un embate del entorno».

Para lograrlo, subrayó el papel de la confianza como condición para compartir información y generar respuestas colectivas: «La confianza es un poco el eje que permite que haya un ecosistema donde yo pueda compartir datos para actuar como una fragua y generar nuevas respuestas a problemas que existen o no existen».

En cuanto a la inteligencia artificial en el agro, distinguió entre los modelos predictivos tradicionales y la IA generativa. Sobre esta última, advirtió sobre el riesgo de desarrollar herramientas débiles a partir de datos endebles o sin dominio del tema.

«Cuando abundan las respuestas, el desafío está en tener el mejor criterio para elegirlas«, planteó. También llamó a la cautela y a «no delegar cognitivamente», ya que estos sistemas «no buscan la verdad, sino que buscan la respuesta que más se acerque a ella o la respuesta más plausible».

Por último, relativizó los temores colectivos sobre el futuro de la IA y distinguió entre riesgos tecnológicos genuinos, dinámicas de mercado y posibles justificaciones corporativas ante metas económicas incumplidas: «Si yo no estoy dando los resultados que prometo dar a los inversores, una excusa puede llegar a decir: ‘Bueno, me están frenando o estoy frenando por el bien de la humanidad'».

La economía argentina ante el nuevo escenario

El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Santiago Giraud, economista y responsable de Macroeconomía del Área de Economía de CREA, quien analizó el nuevo contexto para las empresas agropecuarias y los principales desafíos de la economía argentina.

Su mirada macroeconómica completó el panorama de la jornada: productores y empresas que deben decidir en un contexto internacional más incierto, con reglas comerciales y financieras en cambio y una economía local que atraviesa su propia transformación.

«El cambio de modelo en la Argentina deja al campo en las mismas condiciones de mercado que otros sectores, aunque cuesta más llegar a una estabilidad en el sector agropecuario», señaló.

La frase dejó planteada la necesidad de generar condiciones de estabilidad que permitan planificar inversiones. En actividades con ciclos largos, donde las decisiones comprometen recursos durante meses o años, la previsibilidad es un componente esencial de la competitividad.

A esto se suma el escenario global: las empresas del sector ya no solo deben seguir precios, costos y clima, sino también la evolución de los mercados internacionales, las políticas comerciales, las tensiones geopolíticas y las demandas de los consumidores.

En ese sentido, FARO buscó ampliar la mirada más allá de la coyuntura, entendiendo que el futuro del agro no puede reducirse a una sola variable económica, porque las decisiones productivas están cada vez más atravesadas por factores políticos, tecnológicos y comerciales.

Santa Fe, en el centro de la agenda exportadora

La apertura institucional estuvo a cargo del ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, quien destacó el peso estratégico de la provincia en el comercio exterior argentino.

El funcionario resaltó que en 2025 el cordón portuario santafesino movilizó 75,7 millones de toneladas, por encima de puertos de referencia internacional como Nueva Orleans y Santos.

«En tan solo 70 km, entre Arroyo Seco y Timbúes, se exporta casi el 76% de lo que exporta la República Argentina«, afirmó.

Puccini vinculó esa capacidad exportadora con el entramado productivo provincial, integrado por más de 20.000 productores agropecuarios, 2.100 cooperativas y 3.000 tambos.

También se refirió a la presión tributaria sobre el sector y reclamó una baja de los derechos de exportación: «Imagínense cuánto podríamos hacer si no tuviésemos retenciones; pudiésemos generar muchísimo más y ser más competitivos».

El ministro repasó las medidas provinciales: un alivio fiscal de hasta 50.000 millones de pesos, un plan de infraestructura por 2.500 millones de dólares y líneas de crédito por 25.000 millones de pesos a través del Mercado Argentino de Valores.

Además, anunció una ronda de negocios el 29 de octubre en La Fluvial de Rosario, con la participación de 40 empresas mineras. El objetivo será conectar a compañías que buscan proveedores con firmas santafesinas capaces de ofrecer bienes, servicios, ingeniería y logística para proyectos enmarcados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Según precisó, de las 1.000 empresas registradas como potenciales proveedoras, unas 600 son santafesinas. «La única manera de salir adelante es produciendo: es con el campo, es con la industria y con la ciencia y la tecnología», concluyó.

La diversificación productiva apareció así como otro eje clave para una provincia que busca aprovechar sus capacidades industriales, agropecuarias, científicas y logísticas para ganar presencia en los mercados internacionales.

FARO, un espacio para pensar el futuro

Durante la apertura, la directora general de AgroActiva, Rosana Nardi, destacó el valor del encuentro entre los actores de la comunidad agropecuaria y definió a FARO como un espacio para compartir conocimiento y construir una mirada colectiva sobre el futuro.

«Sabemos lo que pasa cuando nuestra comunidad, la comunidad del campo argentino, se encuentra, aparecen ideas, se hacen negocios, el encuentro siempre nos hace crecer», expresó.

Sobre esta tercera edición, explicó: «Por eso creamos Faro y en esta tercera edición como una manera más, como un lugar donde compartir conocimiento, un espacio para construir el futuro».

Nardi también agradeció el acompañamiento del sector a lo largo de los 33 años de trayectoria de AgroActiva: «Por eso también agradecer a nuestra comunidad como una forma también de reconocimiento por este acompañamiento en nuestros 33 años de trayectoria, esta comunidad de campo que nos hizo grandes y que nos sigue acompañando».

El encuentro fue declarado de interés municipal por el Concejo Deliberante de Rosario. La distinción fue entregada a Nardi por el concejal Fabrizio Fiatti.

Cierre

FARO 2026 dejó una jornada que buscó mirar más allá de lo inmediato y situar al agro argentino frente a una transformación global. En un mundo con menos certezas, más disputas comerciales y nuevas reglas tecnológicas, la discusión ya no pasa solo por cuánto producir, sino por cómo competir, diferenciarse y generar confianza para seguir exportando.

La idea de un mundo sin árbitro fue el disparador de un debate que fue mucho más allá de la geopolítica. Si las reglas internacionales son menos previsibles, las empresas deben ser más eficientes; si los mercados exigen más información, las cadenas deben reforzar la trazabilidad; si la IA multiplica las respuestas, hará falta mejor criterio para usarlas; y si surgen nuevas oportunidades comerciales, el desafío será tener la capacidad productiva para aprovecharlas.

En ese cruce entre incertidumbre y oportunidad se ubicó el mensaje central del foro: el agro argentino enfrenta un escenario internacional más complejo, pero cuenta con capacidades productivas, tecnológicas y empresariales para ser parte de esa transformación.

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