El gobierno de los Estados Unidos intervino públicamente en la controversia generada por la bandera de las Islas Malvinas que los jugadores argentinos mostraron tras el partido ante Inglaterra, cuya imagen se viralizó y provocó reacciones políticas. Algunos medios británicos señalaron que la Federación Inglesa transmitió su preocupación a la FIFA por la presencia de símbolos “políticamente sensibles”, mientras que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) no se pronunció y sostuvo, en cambio, que se trató de una expresión espontánea de hinchas.
La FIFA, por su parte, recordó que su reglamento prohíbe mensajes políticos en estadios, pero aclaró que la bandera no contenía consignas explícitas y que la intervención de seguridad se limitó a retirar el paño para evitar incidentes.
Recientemente, el director ejecutivo del grupo de trabajo para el Mundial 2026, Andrew Giuliani, fue consultado en conferencia de prensa sobre dicha situación, frente a lo cual contestó: «En cuanto a la capacidad, la oportunidad de poder hacer esas declaraciones, tienen la capacidad de hacerlo en los Estados Unidos de América«.
Por otra parte, el Departamento de Estado aclaró que Washington “no toma posición sobre símbolos exhibidos por hinchas en eventos deportivos” y que la política estadounidense respecto de la disputa de soberanía “permanece sin cambios”, en referencia a la postura histórica de apoyo al Reino Unido en el conflicto, aunque sin intervenir en manifestaciones civiles.
Desde 2024, Estados Unidos ha buscado mantener una relación equilibrada con ambas naciones, en especial tras la profundización de la cooperación militar entre el país norteamericano y la Argentina y el respaldo de la administración Trump al alineamiento geopolítico del gobierno de Javier Milei.


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