Escenario Mercenario

El rol clave de los farmacéuticos en las centrales de esterilización: «El rigor es el mismo para una cirugía que para sacarse un lunar»


En el día a día de un hospital, la atención suele centrarse en los médicos y enfermeros que están en la primera línea. Sin embargo, existe un engranaje fundamental que determina el éxito y la seguridad de cualquier procedimiento: la central de esterilización.

En una charla distendida pero profunda en Escenario Mercenario, la farmacéutica especialista Florencia Bruno visibilizó el rol crítico que cumplen estos profesionales para garantizar que ningún paciente corra riesgos por fallas en el instrumental.

«Nosotros somos un poco los que laburamos ‘en las sombras’, pero con una responsabilidad enorme: somos los encargados de supervisar y controlar que cada material que se va a usar en un paciente sea 100% seguro», arrancó explicando Bruno.

El proceso, según detalló la especialista, comienza mucho antes de encender las máquinas: «El trabajo arranca cuando llega el instrumental. Hay una premisa que es una regla de oro en nuestro bache: todo material destinado a esterilización tiene que estar perfectamente limpio y seco. Si un aparato no se puede desarmar del todo o no se puede limpiar a fondo, directamente no se puede esterilizar de forma segura. Y si no es seguro, no se usa. Corta».

«Ya sea una operación de alta complejidad o que vayas a un consultorio menor a sacarte un lunar, el instrumental pasa por el mismo circuito estricto.»

La farmacéutica fue tajante: «El rigor es exactamente el mismo para todo. ¿Cómo le damos la garantía de seguridad al paciente? Con un control permanente de los procesos. No es ‘meto las cosas y me voy’. Estamos encima de los parámetros físicos de los equipos y controlando los indicadores químicos y biológicos de cada ciclo para certificar que todo salga impecable».

Uno de los puntos más complejos del trabajo actual tiene que ver con la evolución de la medicina y las cirugías mínimamente invasivas. «Hoy nos llegan productos médicos nuevos, súper chiquitos y fabricados con biomateriales innovadores. Esto a nosotros nos exige una actualización y capacitación constante», advirtió Bruno.

La explicación científica detrás de esto es clave: ya no existe un único método válido para todo. «No podés meter todo en la misma bolsa. Si metés un producto termolábil —es decir, que se daña con el calor— en un proceso que trabaja a altas temperaturas, lo destruís», graficó.

Para cerrar, Florencia Bruno remarcó la importancia estratégica de su profesión en la salud pública: «Es indispensable que la central de esterilización cuente con un profesional farmacéutico capacitado. Tenemos que tener el criterio científico para evaluar las características de cada material, sea un plástico nuevo o un metal, y seleccionar el método de esterilización exacto. Al final del día, de esa decisión depende la seguridad de cada paciente».

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