El consumo de carne vacuna en Argentina continúa en retroceso y alcanzó el registro más bajo de las últimas dos décadas. Según un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo per cápita se ubicó en 47,5 kilos por habitante al año durante mayo.
El informe atribuye esta caída a una combinación de factores, el aumento de los precios de la carne por encima de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, lo que impulsó una mayor demanda de alternativas más económicas como el pollo y el cerdo.
Durante los primeros cinco meses de 2026, la producción de carne vacuna alcanzó 1,168 millones de toneladas res con hueso, un 7,3% menos que en el mismo período del año anterior. En contraste, las exportaciones crecieron un 5,1% interanual y totalizaron unas 312.200 toneladas, impulsadas principalmente por la demanda de Estados Unidos.
En el mercado interno, el consumo aparente cayó un 11,1% respecto de 2025, con una reducción de más de 106.000 toneladas. Esto se tradujo en una baja del 6,1% en el consumo por habitante, equivalente a 3,1 kilos menos que el promedio registrado en los últimos doce meses.
La diferencia de precios también influye en las decisiones de compra. Actualmente, el kilo de carne vacuna ronda los $18.569, mientras que el cerdo cuesta cerca de $9.151 y el pollo alrededor de $5.048.
En este contexto, el pollo alcanzó un consumo cercano a los 47 kilos por habitante al año, prácticamente igualando a la carne vacuna, mientras que el consumo de cerdo superó los 19,5 kilos anuales y marcó un nuevo récord histórico. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la amplia brecha de precios entre las distintas proteínas continúa favoreciendo este cambio en los hábitos de consumo de los argentinos.


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