La crecida del río Paraná provocó una situación inesperada en la ciudad de Corrientes: el “Uros-Z”, un enorme buque abandonado desde hace más de tres décadas, rompió sus amarras en el Astillero Corrientes y fue arrastrado por el agua. La embarcación avanzó sin control durante casi dos kilómetros hasta quedar varada frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, de la capital correntina. El episodio generó preocupación en la zona, ya que el casco permanece suelto en el agua y sin ningún tipo de señalización.
La fuerza del agua, potenciada por el aumento del caudal del río, terminó cortando los cabos que mantenían la estructura sujeta a la costa. Desde ese momento, el buque comenzó a desplazarse sin rumbo, con el consiguiente riesgo para pescadores y navegantes. No se trata de una embarcación menor: mide 107 metros de eslora (largo), 14,5 metros de manga (ancho) y 6,70 metros de alto.
Un buque que nunca llegó a navegar
La historia del “Uros-Z” comenzó a principios de la década de 1990, cuando fue diseñado como un buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable. Sin embargo, la empresa que lo había encargado quebró y la obra nunca se terminó, por lo que el barco no tiene matrícula oficial. Tras la quiebra, la estructura quedó en manos del Estado, y aunque en el año 2000 se firmaron los papeles para retirarlo del lugar, ese traslado nunca se concretó.
Con el paso de los años, su gran tamaño y su aspecto oxidado le valieron entre los vecinos el apodo de “barco fantasma del Paraná”. Ahora, después de haber sido arrastrado por el río, el buque se convirtió en un peligro para la navegación: quedó detenido en un lugar inadecuado, a oscuras y sin advertencias visuales para quienes circulan por la zona, sobre todo de noche.


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