Efemérides

Día Mundial del Perro: qué dice la ciencia sobre los beneficios de convivir con ellos


Hay vínculos que no necesitan palabras. Basta el sonido de unas patas hacia la puerta cuando alguien vuelve a casa. Una mirada que espera el paseo de cada tarde. Un hocico que se apoya sobre las piernas cuando el día fue difícil. Quienes conviven con un perro conocen esa escena. También saben que, muchas veces, el bienestar llega envuelto en cuatro patas y una cola que nunca deja de moverse.

Cada 21 de julio se celebra el Día Mundial del Perro, una fecha que invita a reconocer el lugar que estos animales ocupan en millones de hogares. Pero también es una oportunidad para mirar ese vínculo desde otro lugar: el de la ciencia, que en los últimos años comenzó a ponerle números a algo que los tutores intuían desde hace tiempo.

Si bien se universalizó el 21 de julio como el Día Internacional del Perro, cada país tiene su fecha particular. En la Argentina se celebra el Día Nacional del Perro cada 2 de junio desde 1996, gracias a la escritora Cora Cané, que propuso su creación. Es un homenaje al pastor ovejero Chonino, el perro policía que en 1983 salvó la vida de su compañero y adiestrador, el agente Luis Sibert, en un operativo de seguridad.

Convivir con un perro hace bien

Diversas investigaciones demostraron que interactuar con ellos ayuda a disminuir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, favorece una vida más activa gracias a los paseos cotidianos y reduce la sensación de soledad, especialmente en los adultos mayores. En otras palabras, ese compañero que espera junto a la puerta también puede convertirse en un aliado silencioso de la salud física y emocional.

Los datos del estudio sobre tenencia de mascotas más grande del mundo, realizado por Mars entre más de 20.000 tutores de 20 países, reflejan la profundidad de ese vínculo. Uno de cada cuatro consultados aseguró haber adoptado una mascota con el objetivo de mejorar su salud mental, mientras que más de un tercio afirmó que representa lo más importante de su vida. Entre los jóvenes de la Generación Z, ese porcentaje asciende al 45%.

Cuando se habla específicamente de perros, los beneficios emocionales aparecen con claridad: el 50% de los tutores destaca el amor incondicional que reciben y el 49% asegura que su presencia fortalece la sensación de familia.

En la Argentina, esa relación se vive con especial intensidad: el país lidera la región en cantidad de perros por hogar, con alrededor de 16 millones de canes y más de 32 millones de mascotas en total. Además, siete de cada diez personas consideran que su perro es un integrante más de la familia.

No sorprende entonces que la ciencia siga encontrando beneficios. Estudios desarrollados por el Waltham Petcare Science Institute demostraron que los adultos mayores que conviven con mascotas tienen un 36% menos de probabilidades de sentirse solos. Otras investigaciones revelaron que el 94% de los pacientes cardíacos que tenían un animal de compañía sobrevivieron a un ataque cardíaco, frente al 72% de quienes no convivían con mascotas.

Si ellos hacen bien, ¿cómo podemos devolverles ese bienestar?

La respuesta no está solamente en una buena alimentación o en las visitas al veterinario. También pasa por ayudarlos a descubrir el mundo.

La socialización es uno de los pilares del bienestar canino. Y va mucho más allá de encontrarse con otros perros en una plaza: implica conocer personas, recorrer nuevos lugares, escuchar sonidos diferentes y aprender, poco a poco, que el entorno es un espacio seguro.

Los especialistas explican que los perros aprenden observando tanto a otros animales como a las personas. Son capaces de interpretar gestos, emociones y rutinas, una habilidad que no desaparece cuando dejan de ser cachorros: el aprendizaje continúa durante toda la vida. Por eso, cada paseo, cada experiencia nueva y cada juego representan una oportunidad para fortalecer su confianza.

La médica veterinaria María Noel Travetto recomienda que ese proceso sea gradual, respetando siempre los tiempos del animal. También aconseja reforzar cada experiencia positiva con caricias, palabras de aliento o premios especialmente formulados para perros, permitir encuentros tranquilos con otros animales a través del olfato antes del juego y estimular tanto el cuerpo como la mente mediante caminatas, juegos de búsqueda y momentos dedicados a explorar.

La clave, según la especialista, es entender que la socialización nunca termina. Cada nueva experiencia contribuye a construir un perro más seguro y equilibrado.

Un vínculo que también se construye todos los días

La vida con un perro está hecha de pequeños rituales: el paseo antes de ir al trabajo, la pelota que siempre vuelve, el premio después de aprender algo nuevo, el descanso compartido al final del día. Son gestos simples que fortalecen una relación construida sobre la confianza.

Quizá por eso el Día Mundial del Perro sea mucho más que una celebración para quienes comparten la vida con ellos. Es un recordatorio de que ese bienestar que tantas veces recibimos también depende de nosotros.

Porque si un perro puede enseñarnos a detenernos un momento, salir a caminar, jugar o simplemente disfrutar de la compañía sin pedir nada a cambio, tal vez la mejor manera de agradecerlo sea seguir ofreciéndole nuevas experiencias para descubrir el mundo.

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