Cada 17 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, una fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para promover acciones destinadas a prevenir daños evitables durante la atención sanitaria. En ese marco, uno de los principales focos está puesto en el uso seguro de los medicamentos. En la mañana del viernes, vino a RADIOFÓNICA, María Luz Traverso, del Colegio de Farmacéuticos.
«Es un tema prioritario para todo lo que sea salud a nivel mundial. Habla de evitar daños a las personas en su interacción con todo el sistema de salud» destacó Traverso.
A través de su iniciativa “Medicación sin daño”, la OMS propone cinco momentos clave en los que los pacientes pueden participar activamente para reducir riesgos:
- Antes de comenzar un medicamento: conocer para qué sirve, cómo debe utilizarse y cuáles pueden ser sus efectos adversos.
- Al tomarlo: respetar la dosis y los horarios indicados y saber cómo actuar ante un olvido.
- Al incorporar otro medicamento: consultar si puede generar interacciones con los tratamientos que ya se utilizan.
- Al revisar la medicación: mantener actualizada la lista de medicamentos y controlar periódicamente si todos siguen siendo necesarios.
- Antes de finalizar un tratamiento: conocer cuándo y cómo corresponde suspenderlo y consultar ante la aparición de efectos adversos.
Los medicamentos de venta libre también tienen riesgos
Que un medicamento pueda adquirirse sin receta no significa que sea completamente inocuo. Puede generar efectos adversos, interactuar con otros tratamientos o incluso ocultar síntomas de una enfermedad.
Entre los medicamentos de venta libre más utilizados aparecen los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como ibuprofeno, diclofenac, naproxeno y ketorolac. Estos fármacos pueden provocar irritación y lesiones gastrointestinales.
Para disminuir los riesgos, se recomienda utilizarlos durante el menor tiempo posible y en la dosis indicada. Además, no se deben combinar dos AINEs y, ante cualquier duda, es importante consultar con un médico o farmacéutico.
El riesgo del uso prolongado de algunos medicamentos
Otro grupo que requiere especial atención son los inhibidores de la bomba de protones (IBP), conocidos habitualmente como “prazoles”, entre ellos omeprazol, pantoprazol y lansoprazol.
Estos medicamentos reducen la producción de ácido en el estómago y se utilizan para tratar determinadas afecciones, como el reflujo gastroesofágico y las úlceras. Sin embargo, su uso prolongado y sin una indicación adecuada puede asociarse con alteraciones en la absorción de nutrientes, hipomagnesemia, determinadas infecciones, fracturas e insuficiencia renal.
Por eso, los tratamientos de larga duración deben ser evaluados periódicamente por un profesional y no se recomienda prolongarlos ni suspenderlos por cuenta propia.
Qué es una cascada terapéutica
Una reacción adversa a un medicamento puede confundirse con un nuevo problema de salud y llevar a la indicación de otro fármaco para tratar ese síntoma. Esta situación se conoce como cascada terapéutica.
El resultado puede ser la incorporación de medicamentos que no son necesarios y un aumento del riesgo de nuevas reacciones adversas. Por eso, identificar el origen de los síntomas y revisar periódicamente los tratamientos son medidas importantes para evitar estas situaciones.
El farmacéutico también cumple un rol clave
El farmacéutico es un aliado fundamental para el uso seguro de los medicamentos. Puede brindar información sobre las dosis y la forma de utilización, advertir sobre posibles interacciones y acompañar al paciente durante el tratamiento.
Ante cualquier duda sobre un medicamento, su dosis, la duración del tratamiento, sus posibles efectos adversos o su combinación con otros fármacos, se recomienda consultar con un profesional de la salud.



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