Efemérides

Día Internacional del Chiste: qué pasa en el cerebro cuando nos reímos


Este miércoles 1° de julio se celebra el Día Internacional del Chiste. No se trata de una efeméride oficial reconocida por organismos internacionales; de hecho, su origen es difuso, aunque con el tiempo se consolidó como una fecha popular —sobre todo en medios y redes sociales— para compartir humor y destacar su impacto social y emocional.

Una de las teorías sostiene que la celebración comenzó de manera oficial en Estados Unidos, aunque se cree que su origen más remoto se remonta a la antigua Grecia, de la mano de Palamedes, considerado un genio y personaje mitológico de la época. También se sabe que en Grecia existió un club dedicado a la comedia, aunque no con el sentido que le damos hoy —encuentros para ver actuar a comediantes—, sino como una forma amena de compartir chistes y buenos momentos con amigos y familiares.

¿Cómo reacciona el cerebro ante un buen chiste y por qué nos reímos?

Entender un chiste suele requerir dos movimientos mentales. En primer lugar, el cerebro detecta una incongruencia: algo no cierra con lo esperado. Ahí intervienen áreas del lenguaje —como regiones temporales— y circuitos de atención que sostienen la información.

Después llega la «resolución»: la corteza prefrontal ayuda a reinterpretar el remate y encontrarle sentido. Cuando esa reinterpretación encaja, se activa el sistema de recompensa —circuitos dopaminérgicos como el estriado y el núcleo accumbens— y aparece esa sensación de «¡ah, era por eso!». La risa se suma como respuesta motora y social: no solo expresa placer, también señala pertenencia y coordinación con otros.

¿Por qué nos reímos? La risa tiene una pata biológica y otra social. En lo fisiológico, puede modular el estrés al influir sobre el eje hormonal —como el cortisol— y activar respuestas corporales que muchas personas viven como una descarga. En lo social, reír en grupo regula tensiones, suaviza conflictos y refuerza vínculos: por eso un mismo chiste «entra» distinto según el contexto, la confianza y el clima emocional.

Cuál es el mejor chiste, según la ciencia

Hay chistes que causan mucha gracia, otros que apenas provocan una sonrisa y algunos que a nadie le hacen gracia. Incluso un mismo chiste puede generar las tres reacciones. El humor está atravesado por factores psicológicos, sociológicos, nacionales y de género. El investigador británico Richard Wiseman intentó dar con el chiste más gracioso del mundo a través de una encuesta en Internet. ¿Pero existe realmente semejante cosa?

Wiseman, profesor de psicología en la Universidad de Hertfordshire, cerca de Londres, resume su investigación en el libro «Rarología» (Temas de Hoy). En uno de los capítulos, dedicado a la búsqueda del chiste más hilarante, escribe: «en muchos sentidos hemos encontrado el chiste con menos contenido, aquel por el que todos sonríen, pero que sólo hace reír a carcajadas a muy pocos». Y agrega que, como suele pasar en la investigación, el camino fue más importante que el objetivo.

La búsqueda se tradujo en una colección de 40.000 chistes, analizados por más de 350.000 personas en 70 países. El más celebrado, con un 55% de apoyo, fue este: «Dos cazadores van por el bosque y uno de ellos de pronto se desploma y parece que ya no respira. El otro llama por teléfono al número de emergencias y pregunta: —Mi amigo está muerto ¿qué debo hacer? —Tranquilo, le responde el hombre al otro lado de la línea. Primero tenemos que saber con seguridad si está muerto. Se produce un silencio. Y luego se escucha un tiro. El cazador vuelve a tomar el teléfono móvil: —Muy bien, ya está, ¿y ahora?».

Los malentendidos y equívocos son otra categoría muy apreciada. Entre ellos, uno reunido por el periodista y autor Eike Christian Hirsch: «—Y, señor Meyer, ¿cómo resultó su juicio? —Como cabía esperar, ¡la justicia resultó victoriosa! —Oh, lo lamento por usted».

Wiseman remarca que, a menudo, los chistes son producto de una reflexión social o la generan. En la Edad Media, los enanos y jorobados eran motivo de diversión; después llegaron las bromas sobre personas con problemas psíquicos. Los sentimientos de superioridad también son habituales en los chistes sobre otros países o regiones, tomados a broma por prejuicios sobre inteligencia o generosidad. La burla también aparece con frecuencia en bromas sobre mujeres, que suelen causar más gracia entre los hombres.

El psicólogo Arnold Hinz, de la Escuela de Pedagogía de Ludwigsburgo, reunió hace algunos años más de mil chistes sobre hombres y mujeres, de los cuales más de 500 eran sobre «rubias». Un ejemplo: «¿Qué es lo que está pasando cuando dos rubias se tiran bolas de paja? Intercambian pensamientos». Pero los hombres tampoco salen mejor parados: «¿Cómo se reconoce a un hombre previsor para el futuro? No se compra una caja de cervezas, sino dos de una vez».

Uno de los hallazgos sociales más interesantes del libro de Wiseman tiene que ver con la capacidad de reírse de uno mismo: según su investigación, las personas de las capas más bajas de la sociedad suelen tomarse el pelo a sí mismas con mayor frecuencia. Otros investigadores señalan esta misma característica como típica del humor judío. La autora Salcia Landmann (1911-2002) solía decir: «Cuando se le cuenta a un judío un chiste, éste dice ‘ya lo conocía’. Y cuenta otro mejor».

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