Durante el siglo pasado y los primeros años del actual, en Rosario y en todo el país el café estuvo más asociado al encuentro con otros o a la compañía en una espera solitaria que al disfrute de la infusión en sí. Esa relación empezó a cambiar con la llegada de los cafés de especialidad. Sin embargo, más allá de su peso cultural, casi la totalidad de los granos que se consumen en Argentina son importados.
En el Día Internacional del Café, instituido en 2014, vale la pena mirar qué hay detrás de cada taza: de dónde llegan los granos y qué lugar ocupan los incipientes cafetales locales, que todavía funcionan a una escala muy reducida.
De dónde provienen los granos que se consumen en Argentina
Cada taza que se sirve en el país tiene, en general, un origen lejano. Como Argentina casi no produce café, la materia prima se importa: en 2023 ingresaron unos 34 millones de kilos, por más de u$s150 millones.
El principal proveedor es Brasil. En 2024 envió más de 22 mil toneladas de café verde, es decir, casi nueve de cada diez kilos entre los cinco principales países de origen. Según el año y el criterio de medición, su participación va del 80% a más del 95% de las importaciones de café sin tostar. Muy lejos se ubican Colombia y Perú, y detrás, Honduras y Guatemala.
El café tostado y las cápsulas, en cambio, tienen orígenes más diversos. De acuerdo con informes del sector, llegan desde países como Suiza, Bélgica, Italia y España. Aunque los argentinos suelen considerarse un pueblo cafetero, el consumo ronda apenas un kilo por persona al año, muy por debajo de los 4 kilos de Brasil y de los 14 de Finlandia, que encabeza el ranking mundial.
Dónde se produce café en Argentina
Si bien casi todo lo que se consume es importado, el país tiene cafetales propios, aunque en pequeña escala. Según datos difundidos públicamente, Salta lidera la producción con unas 35 hectáreas en la yunga oranense, seguida por Tucumán, con 23. Corrientes, Jujuy y Misiones tienen plantaciones menores, y hay pruebas en otras provincias del norte y del centro.
La historia salteña comienza en los años 70 con el plan estatal Salta Café, del que también participaron Jujuy y Misiones. Según la familia Ortiz, la iniciativa fracasó en esas provincias por cuestiones climáticas y solo sobrevivieron los cafetales de Orán. Allí se produce hoy el café Baritú, cultivado bajo árboles nativos en una finca de 30 hectáreas y que se vende únicamente en sus locales de Salta y Jujuy.
En Tucumán, 22 productores experimentan con variedades como Geisha, Bourbon, Castillo y Pacamara. Su objetivo es abastecer hasta el 30% del mercado local y, si los resultados acompañan, podrían alcanzar 8.000 hectáreas. Por ahora, se trata de proyecciones.
En Misiones, el primer intento data de la década de 1960, cuando una empresa privada plantó cafetales en Cerro Moreno, a unos 100 kilómetros de Posadas. El proyecto se abandonó tras las pérdidas provocadas por fríos intensos. Hoy la provincia vuelve a intentarlo: una ley provincial creó un programa de promoción de la cadena cafetera y un registro voluntario de productores, mientras que el Ministerio del Agro realiza ensayos con variedades como Geisha y Arará en Eldorado, San Vicente y Guaraní.
Por qué se celebra el Día Internacional del Café el 1° de octubre
La fecha fue acordada en marzo de 2014 por los estados miembros de la Organización Internacional del Café (ICO), con el fin de reunir en un solo día las distintas celebraciones nacionales que ya existían. La primera edición se realizó el 1° de octubre de 2015, con un lanzamiento en Milán durante la Expo 2015.
El día coincide con el inicio de la temporada de cosecha en muchos países productores y busca destacar la importancia de la bebida, además de concientizar sobre las problemáticas que enfrentan las comunidades productoras.



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