El consumo de carne vacuna en Argentina atravesó el peor primer semestre de los últimos treinta años. De acuerdo con un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), entre enero y junio la demanda interna cayó un 11,5% respecto del mismo período de 2025.
Como consecuencia de esa retracción, el consumo promedio descendió hasta los 47 kilos por habitante al año, una cifra que representa el registro más bajo desde que existen estadísticas comparables.
Entre los principales factores aparecen el incremento sostenido del precio de los cortes por encima de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, que impulsó a muchos consumidores a reemplazar la carne vacuna por pollo, cerdo u otras alternativas más económicas.
El informe también señala que una mayor proporción de la producción nacional continúa destinándose a los mercados externos, donde los frigoríficos encuentran mejores precios y mayor rentabilidad. La caída del consumo interno se produce en un contexto de cambios en los hábitos alimenticios y de una recomposición todavía parcial del ingreso de las familias, que mantienen una actitud más cautelosa al momento de realizar las compras.
A pesar de la retracción del mercado doméstico, las exportaciones continúan mostrando un comportamiento favorable, impulsadas principalmente por la demanda asiática y otros destinos internacionales. Para el sector frigorífico, el desafío será encontrar un equilibrio entre el crecimiento de las ventas al exterior y la recuperación del consumo local, históricamente uno de los pilares de la cadena cárnica argentina.


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