Aerolíneas Argentinas suspendió los vuelos que tenía previstos desde Rosario hacia Miami para el Mundial 2026. La aerolínea había anunciado tres frecuencias semanales desde el Aeropuerto Islas Malvinas con escala en Punta Cana, pero la ruta no se activará: la combinación de combustible caro y boletos que no se vendieron terminó con el plan.
La suba del 50% en el precio del combustible —atribuida al conflicto en Medio Oriente— y la baja demanda de pasajes fueron los dos factores que inclinaron la balanza. La compañía tomó la misma decisión para los vuelos desde Córdoba y Tucumán, y optó por centralizar toda la operación en Buenos Aires, donde ya ofrece 20 frecuencias semanales a Miami. Quien quiera volar al Mundial desde Rosario deberá primero trasladarse a Ezeiza.
La aerolínea de bandera reconoció que esperaba una recuperación en las ventas a medida que se acercara el torneo, incluso lanzó una tarifa especial para intentar reactivar la demanda, pero ninguna de las dos apuestas funcionó. Vale aclarar que los vuelos directos a Kansas City y Dallas —donde la Selección Argentina tiene comprometidos partidos— no se ven afectados por esta decisión.
El desinterés no sorprende si se mira el cuadro completo. Viajar al Mundial 2026 es, según The Economist, la experiencia cultural más cara de la historia para el público en general. Las entradas para la fase de grupos promediaron los 200 dólares, y el ticket mínimo para la final llegó a 2.030 dólares —antes de cualquier gasto en traslado, alojamiento o comida.
Por primera vez, la FIFA tomó el control total de la venta de entradas, eliminó a los operadores locales e implementó precios dinámicos: cuanto más crece la demanda, más suben los valores. También habilitó un mercado oficial de reventa con una comisión del 15% para compradores y vendedores, lo que disparó los precios por encima de los de Qatar 2022 y del Mundial de 1994, la última vez que Estados Unidos fue sede.
La caída en la demanda no es exclusiva de Argentina ni de Rosario. La Asociación Americana de Hoteles y Alojamientos (AHLA) advirtió que las reservas en casi todas las ciudades sede están muy por debajo de lo proyectado. En Boston, Dallas, Los Ángeles, Filadelfia y Seattle, hasta el 70% de las habitaciones que la FIFA había comprometido fueron canceladas, lo que complicó la planificación de hoteles, la contratación de personal y las proyecciones de ingresos para todo el torneo.
Desde la AHLA apuntaron al mismo diagnóstico: entradas inaccesibles, transporte local caro, carga impositiva elevada y un contexto político que desalentó la llegada de turistas internacionales.
Ante las críticas, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prefirió el humor antes que la autocrítica: «Si alguien paga 2 millones de dólares por una entrada para la final, personalmente le llevaré un perrito caliente y una Coca-Cola para asegurarme de que tenga una gran experiencia».


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