En un mundo dominado por la gratificación instantánea y el ritmo acelerado de las aplicaciones de citas, construir un vínculo sólido parece una tarea de resistencia. Para la psiquiatra y escritora Marian Rojas Estapé, el error más común al iniciar una relación es dejarse llevar exclusivamente por la efervescencia del momento, descuidando la compatibilidad de fondo.
Según la experta, la emoción inicial puede «nublar el juicio», lo que a largo plazo suele derivar en un desgaste emocional evitable. Por eso propone aplicar un filtro racional a través de dos preguntas clave antes de comprometer el corazón por completo.
¿Me conviene esta relación?
Aunque suene pragmática, Rojas Estapé subraya que es esencial para la salud mental —no en términos económicos, sino de coherencia con el proyecto de vida. La química no garantiza que ambos quieran caminar hacia el mismo lugar: diferencias en crianza, lugar de residencia o el manejo de la libertad pueden generar fracturas meses o años después. Y cuando se fuerza un vínculo con alguien que no encaja con la propia esencia, el resultado es un agotamiento psicológico crónico.
¿Esta persona me hace ser mejor?
Para la psiquiatra, el amor verdadero actúa como catalizador del crecimiento personal. Una relación sana no solo aporta bienestar: potencia las virtudes de cada uno. Si el vínculo alimenta miedos, frena el desarrollo profesional o personal, es una señal de alerta. Rojas Estapé acuñó el concepto de «personas vitamina» para describir a quienes optimizan el sistema emocional del otro. El amor debería ir en esa dirección: ser un refugio, no una fuente de estrés.
El peligro de la «dopamina digital»
La experta también vincula los problemas de pareja actuales con el uso excesivo de pantallas. Define a los dispositivos como «dispensadores automáticos de dopamina» que generan impaciencia y superficialidad. «La velocidad normal de la vida nos aburre, y eso es muy peligroso para los vínculos», advierte. En la era del fast life, la capacidad de prestar atención al otro —uno de los pilares de la conexión profunda— se va perdiendo.
Para Rojas Estapé, el éxito afectivo no depende del azar sino de la atención consciente: decidir con libertad requiere aprender a escuchar esa voz interior que, más allá del enamoramiento, sabe reconocer qué es lo que realmente da paz.


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