Con una excelente respuesta del público a lo largo de su recorrido, la exitosa obra teatral «La Ballena» se prepara para su gran adiós. La pieza, protagonizada por Julio Chávez y dirigida por Ricky Pashkus, se presentará en el Teatro Broadway de Rosario el próximo 14 de agosto a las 21:00 horas, en una función que marcará el cierre definitivo de sus presentaciones.
En una entrevista íntima con el programa Escenario Mercenario, Chávez reflexionó sobre el consumo cultural actual y el trasfondo de la obra: «La palabra llorar o emocionarse no vende entradas, estamos en un momento de huida de lo que se denomina serio. Sin embargo, estoy convencido de que uno puede divertirse en la seriedad, incluso leyendo filosofía. ‘La Ballena’ tiene como propósito fundamental establecer empatía con una experiencia humana».
A pesar de su enorme popularidad, el actor confesó mantener una distancia prudencial con el entorno que rodea a las salas. «Soy pudoroso, le escapo al público a la salida del teatro y no le pregunto a la gente si le gustó el espectáculo», señaló.
Además, reveló una regla estricta que mantiene a nivel personal: «Yo como espectador voy y pago mi entrada, jamás acepté la invitación de un colega porque quiero vivir mi propia experiencia». En cuanto a su postura frente al trabajo de los demás, admitió que, aunque no es despiadado con la crítica y no tiene problemas en felicitar cuando algo le agrada, le cuesta dar opiniones técnicas porque es algo que se cruza directamente con su propio oficio.
El cierre en Rosario no es casual, sino el broche de oro tras recorrer escenarios en Perú, Uruguay y numerosas localidades del interior argentino. A pesar de la importancia del evento, Chávez prefiere enfocarse en el presente con pragmatismo. «Quiero que sea una muy buena función, nada más. Soy bastante desamorado con esas cosas, aunque estoy profundamente enamorado de mi oficio. No me pasa de extrañar obras que ya hice porque no soy nostálgico; lo vivo con intensidad y lo suelto con la misma intensidad», afirmó.
El proyecto llegó a sus manos por una propuesta directa del director: «Me llamó Ricky Pashkus y me mandó el texto. Yo no había visto la película, pero cuando leí la obra me pareció un ejercicio actoral extraordinario. Me llevo mucho aprendizaje de este proceso, de las decisiones que se toman en los ensayos y de la repetición, que es fundamental para el actor».
Aunque el público lo reconoce principalmente por su trabajo sobre las tablas y frente a las cámaras, Chávez reparte sus días entre la dramaturgia, la docencia y las artes plásticas. Sin embargo, su verdadera pasión extraescolar radica en ocupar el rol de estudiante.
«Tengo un vínculo adictivo con la relación alumno-maestro, y me gusta generalmente ser alumno», confesó. «Estudio numerología, hace 25 años que estudio literatura en un grupo donde estuvimos tres años analizando a Borges, y ahora investigo a los pensadores que reflexionaron sobre el arte. También estudio canto y me gusta ser un buen alumno con mi entrenadora cuando hago gimnasia», concluyó el artista, que se despedirá de los escenarios rosarinos con una de las propuestas más potentes de la temporada.


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