El histórico triunfo de la Selección Argentina por 2 a 1 ante Inglaterra, que le otorgó el pase a la gran final del Mundial 2026, desató una ola de festejos a lo largo y ancho del país. Entre las voces más esperadas y significativas de la jornada estuvo la de los veteranos de guerra. Claudino Chamorro, presidente del Centro de Excombatientes de Malvinas de Rosario, dialogó con el programa radial Escenario Mercenario y detalló cómo se vivió una tarde cargada de fútbol, memoria y sentimientos a flor de piel.
«Lo vivimos con una emotividad muy profunda. Hay emociones y una historia que nos marcó a los argentinos, y cada uno de nosotros lo pasó de una manera muy especial», confesó Chamorro. De todas formas, el referente marcó una distancia clara respecto a la geopolítica: «Por supuesto que no es lo mismo la guerra que un partido de fútbol. Quienes estamos al frente de instituciones tenemos la responsabilidad de bajar los decibeles, tal como lo hizo el cuerpo técnico argentino». En un plano más distendido, admitió mantener intactos sus rituales: «Soy cabulero; vi este partido exactamente igual que contra Egipto y Suiza».
Para el referente de los excombatientes rosarinos, la identificación de la actual generación de futbolistas con la causa Malvinas es un motivo de orgullo. Chamorro recordó el trabajo pedagógico que realizan en las divisiones inferiores de Rosario Central y Newell’s Old Boys, y reflexionó sobre el plantel actual: «Ayer lo veía a Lo Celso, que es un pibe joven que claramente no vivió la guerra de 1982, pero calculo que algún contacto con un veterano habrá tenido. Nuestra tarea es contar la experiencia de vida a los más jóvenes. El pueblo tomó conciencia de lo que significa Malvinas; es una herida que seguirá abierta hasta que recuperemos la soberanía de ese territorio usurpado».
Al momento de comparar este cruce con el mítico partido de México 1986, Chamorro fue contundente:
«Diego no hizo el gol con la mano, lo hizo con el corazón. Y estos pibes, que desplegaron la bandera de ‘Las Malvinas son argentinas’, tienen ese mismo corazón. Lo de Maradona fue una revancha deportiva y este plantel lleva la misma causa en la sangre. Ayer escuchaba a Lautaro Martínez hablar de sus padres y sentí que tenía el mismo pensamiento que tuvimos nosotros cuando fuimos a las islas: defender la patria y la bandera».
La alegría por el pase a la final no impidió que Chamorro pusiera el foco sobre las deudas del arco político con la soberanía territorial y el tejido social. «Tenemos un pueblo que reclama la soberanía, pero funcionarios que la siguen entregando. Muchos se preocupan únicamente por sus intereses personales y les importa muy poco la gente», denunció.
El presidente del centro rosarino ejemplificó esta inacción con un reclamo concreto en el sur del país: «Hoy hay un radar inglés instalado en Tierra del Fuego. Juntamos más de 6.000 firmas en Rosario para que lo retiren y ya pasaron dos administraciones de distinto signo político que no hicieron absolutamente nada». Asimismo, lamentó el abandono estatal de las instituciones formativas: «Nadie cuida a los clubes de barrio de donde salen estos chicos que después nos representan y hacen brillar al país en el mundo».
Para los veteranos de Rosario, el compromiso con la patria excede lo territorial y se traduce en el trabajo diario con los sectores más vulnerables. Desde la crisis de 2001, la institución sostiene una campaña de asistencia alimentaria que se convirtió en una marca registrada de su labor social.
«Arrancamos a repartir comida caliente en 2001 pensando que iba a ser una asistencia temporal por la emergencia. Ya pasaron 25 años y todavía seguimos. Es nuestra manera de devolverle al pueblo el enorme apoyo y cariño que siempre nos dio», remarcó Chamorro.
Actualmente, el Centro de Excombatientes trabaja de manera coordinada con la Municipalidad de Rosario y el Gobierno de la Provincia de Santa Fe para la logística y provisión de insumos, lo que les permite extender las jornadas de asistencia más allá de los meses de invierno. De lunes a viernes, los veteranos elaboran y entregan entre 300 y 350 porciones diarias de comida. «Lamentablemente, la demanda nunca decayó; al contrario, cada vez es más la gente que se acerca a pedir un plato», concluyó.


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