Vivimos en un estado de ansiedad constante. Esperar dejó de ser una opción. Queremos todo resuelto, sin malestar y de forma rápida. Un reflejo de nuestra época, marcada por la urgencia, incluso en las prácticas cotidianas donde aburrirse y ser parte de procesos largos no se percibe como normal y genera una reacción en nuestro cuerpo. Solo una gratificación inmediata resuelve la incomodidad momentáneamente.
Por: Romina Batallés
El crecimiento del delivery por sobre hacer comida en casa, la impaciencia ante la respuesta de un mensaje e incluso el consumo de videos que ya vienen con la reacción incorporada, sin dejar espacio para elaborar una respuesta propia, son respuestas de un comportamiento social más que individual.
La estética forma parte de esta lógica, dietas rápidas, cirugías y atajos por encima de recorridos más trabajosos y pausados. La transformación es más importante que el recorrido o incluso la salud.
La serie de Ryan Murphy “Belleza perfecta” (Disney+) sintetiza, a modo de metáfora, un deseo atravesado por el clima del momento: la irrupción de una tecnología capaz de ofrecer, mediante una simple inyección, la mejor versión de uno mismo en menos de tres horas. Un cuerpo no solo hegemónico, sino perfecto.
Lo más destacado de la serie es el elenco con un guiño de la gran Isabella Rossellini, quien interpretó a la dueña de una poción mágica para no envejecer en La Muerte Le Sienta Bien, Ashton Kutcher, Evan Peters y Rebecca Hall.
Sin revelar demasiado, la serie finalmente invita a reflexionar sobre el precio a pagar por alcanzar ciertos ideales estéticos tan altos. La salud y quienes somos realmente en nuestro interior resultan mucho más importantes.
En una época que promete resultados inmediatos para todo, aceptar lo imperfecto y respetar los tiempos puede ser, al final, el verdadero acto de rebeldía.


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