Todos conocemos ese chiste malísimo que el papá suelta en la sobremesa y que, aunque nos hace poner los ojos en blanco, de alguna manera nos saca una sonrisa. Ahora hay estudios que respaldan esa sensación: según una nueva investigación, los «chistes de papá» —esos jueguitos de palabras tan predecibles como entrañables— pueden ser una herramienta real para fortalecer el vínculo entre padres e hijos.
Un estudio con base en Reddit
Para entender qué hace que un chiste de este estilo funcione (o directamente caiga como plomo), un equipo de investigadores analizó 32.000 publicaciones hechas a lo largo de varios años en un foro de Reddit dedicado a los chistes de papá.
¿Qué tienen en común los mejores chistes?
El análisis encontró que los chistes más efectivos comparten algunos rasgos: juegos de palabras, atención a los pequeños detalles y una interpretación literal de frases hechas que normalmente se entienden en sentido figurado. También los chistes que involucran a familiares o mascotas resultan particularmente graciosos, y factores como la extensión, la concreción y la relación semántica del chiste también influyen en qué tan bien cae y en el vínculo que genera entre quien lo cuenta y quien lo escucha.
Los propios autores, en el preprint del estudio (que todavía no pasó por revisión de pares), sostienen que este tipo de humor aparentemente simple funciona como una ventana a la creatividad verbal y conecta la psicología estética con esas pequeñas experiencias artísticas que despiertan diversión, espíritu lúdico y sensación de absurdo.
No es solo humor: es un mecanismo psicológico
Steven Sultanoff, psicólogo clínico de la Universidad Pepperdine (Estados Unidos) y no involucrado en el estudio, explicó que el humor suele activar una respuesta cognitiva: para entender un chiste, el cerebro tiene que reencuadrar la información, y ese proceso ayuda a regular las emociones y a manejar el estrés.
Según Sultanoff, los chistes de papá apelan justamente a ese tipo de ingenio, y eso genera en padres e hijos algo que los especialistas llaman «fusión relacional»: un lazo que se construye a través del humor compartido. Con el tiempo, ese hábito familiar deja una marca en los chicos que, sin darse cuenta, terminan reproduciendo esa misma amabilidad, creatividad y espíritu lúdico con otras personas.
El estudio estuvo liderado por Paul Silvia, profesor de psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, junto con Meriel Burnett, estudiante de posgrado en la Universidad de Massachusetts Amherst.
La moraleja
La próxima vez que en tu casa alguien suelte un «¿por qué el libro de matemática está triste? porque tiene demasiados problemas», no lo mires con cara de circunstancia: la ciencia dice que ese chistecito berreta puede estar construyendo, sin que nadie lo note, un vínculo familiar más fuerte.


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